Cena y ceremonia de Navidades

 La fiesta, la celebración, el cumpleaños, la boda, las Navidades están unidas ineludiblemente a una comida de mejor calado a la vianda cotidiana

Todas las Navidades son diferentes. Siempre hay algo nuevo. Tal vez un nuevo comensal en la mesa, nuevos invitados, amigos de los invitados. Una nueva oración que alguien pronuncia o bien, la exploración de nuevos platillos para darle variedad al paladar. Todo es cocina de celebración, ritual y de fiesta. Todo es una fiesta. Más en esta parte del mundo llamado México. Un banquete recibe a los novios. La pareja de enamorados no pueden ni deben celebrar su amor en privado, no. Debe ser público, bullanguero, ruidoso y todo ello aparejado con una opulenta comida o cena a escoger.

De aquí entonces deriva ese platillo tan mexicano como fiestero; ubicuo, sí, pero el cual ha tomado carta de residencia en la vecina y bella ciudad de Zacatecas: asado de boda. Tal vez por esto y no otra cosa, el primer milagro sobre la tierra que realizó Jesús el de Nazaret, del cual celebramos ahora su nacimiento gozoso, fue de tipo gastronómico. Nada es gratuito. Y usted lo recuerda señor lector, Era temprano en esa boda y ya no había vino. Por lo cual dijo María al señor: “Ya no tienen vino…Jesús contestó: Mujer ¿por qué me dices esto?… había allí seis tinajas de piedra para el agua que usan los judíos en sus ceremonias de purificación.

En cada tinaja cabían de cincuenta a setenta litros de agua. Jesús dijo a los sirvientes… llenen de agua estas tinajas… ahora saquen un poco y lléveselo al encargado de la fiesta… así lo hicieron. El encargado de la fiesta probó el agua convertido en vino…” (Juan 2. 2-10) Efectivamente, aquello fue un jolgorio, un mitote de pronóstico reservado. Estuvo tan bueno, que dicha boda es histórica. Buena celebración, buena parranda y buena boda. Un banquete de boda. La fiesta, la celebración, el cumpleaños, la boda, las Navidades están unidas ineludiblemente a una comida de mejor calado a la vianda cotidiana. Para seguir con el tono bíblico, cuando los judíos terminaron su destierro y ya instalados en la tierra prometida, en Nehemías se lee del banquete ordenado para la ocasión por el sacerdote Esdras: “Id y comed manjares grasos, bebed bebidas dulces y mandar su ración a quien no tiene nada preparado. Porque este día está consagrado a nuestro Señor. No estéis tristes: la alegría de Iahvé es nuestra fortaleza…” (Nehemías 8. 10-12).

Por esto y no otra cosa, los mexicanos echamos la casa por la ventana cuando hay un bodorrio en puerta o bien, en esta celebración de Navidades. Cocina ceremonial. Ya llegó el fin de año y como siempre, es difícil elegir entre un buen pavo relleno (como aquel que le mandó el señor Scrooge a su amanuense, para que lo disfrutase su familia y claro, el pequeño Tim en “Cuento de Navidad”), aderezado éste con su buena ensalada de manzana o decantarnos darnos por una pierna bien aliñada. O tal vez la buena carne asada. O los tamales preparados como Dios manda, por las manos amorosas de nuestras familias… sea lo que sea que usted elija para cenar en estas Navidades y año nuevo, señor lector, que sea en armonía y gusto con los suyos. Y claro, trate de compartir con los que menos tienen. Así sea.

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