Especialistas
/ 27 septiembre 2026

LA UVA QUE NO SE DEJÓ MORIR

La historia de Timorasso, una variedad italiana que estuvo a punto de desaparecer y que Walter Massa decidió rescatar, demuestra el valor de preservar lo que construyeron generaciones anteriores.

Esta historia comienza en las colinas de Tortona, en el Piamonte italiano. Crecía desde hacía siglos una variedad blanca llamada Timorasso, de la cual se tienen registros desde la Edad Media y que, a través de los años, llegó a ser una vid importante para la región.

Pero las uvas, como todo, están sujetas a los caprichos de la historia y de la humanidad. Primero, fue atacada por la filoxera. Una enfermedad de la que ya hemos platicado y que arrasó con miles de hectáreas por todo Europa. Después vinieron las guerras, y luego el desarrollo de la industria en ciudades que llevó al abandono de zonas rurales. Por último, el cambio de preferencia de consumo y, como consecuencia, la inclinación de viticultores hacia ciertas uvas que satisficieran las modas.

Timorasso no consiguió sobrevivir a tantos cambios, y tampoco ayudaba que no era una uva particularmente fácil: tenía rendimientos modestos y sensibilidad a la podredumbre. Había variedades más productivas, más sencillas de cultivar y con un mercado mucho más seguro y rentable.

Así que comenzaron a arrancarla, hasta que en 1985 solamente quedaba media hectárea de esta variedad. Una uva que había sido referente en una región estuvo a punto de convertirse en recuerdo. Pero entonces apareció Walter Massa.

Massa era viticultor en Monleale, en la zona de Colli Tortonesi. Mientras muchos productores buscaban variedades más rentables, él decidió apostar por aquella uva que parecía haber perdido la batalla. Creyó que valía la pena preservar la uva por su historia y apego a la región. Comenzó a recuperar cepas viejas y en 1987 produjo alrededor de 560 botellas. Apenas 500 botellas era el esfuerzo que se realizaba para evitar que esta uva quedara en el olvido. Poco, pero lo suficiente para no hacerla desaparecer por completo.

Su trabajo llamó la atención de otros productores que empezaron a plantar Timorasso, siguiendo su ejemplo. Poco a poco, dejó de ser una reliquia casi abandonada en la historia y se convirtió en una posibilidad. El día de hoy hay aproximadamente 500 hectáreas sembradas de esta variedad en Piamonte.

Las características que jugaban en su contra se convirtieron en virtudes. Su propia historia la enalteció. Timorasso produce vinos con marcada acidez, cuerpo y buena capacidad de envejecimiento, una complejidad que es difícil de encontrar en vinos blancos. Esto la hace especialmente atractiva.

Una uva no desaparece por ser necesariamente mala. Sin embargo, cuando una uva deja de existir, se esfuma con ella historia, paisajes, conocimientos, sabores, aromas y formas de vinificar.

Lo que hizo Walter Massa no fue solo rescatar una variedad. Se negó a dejarla morir. No dejó morir el trabajo de sus antecesores. No dejó morir al testigo de su región. Creyó en ella lo suficiente para que en la actualidad existan más de 1 millón de botellas producidas anualmente de Timorasso.

Y eso es precisamente la enseñanza que nos deja Massa: la importancia de cuidar de nuestro pasado. Lo valioso de luchar contra factores humanos que destruyan lo que por siglos se construyó, y con algo de empeño, evitar que se mueran la historia y tradiciones que nos forjaron.

$!LA UVA QUE NO SE DEJÓ MORIR

RECOMENDACIÓN DEL MES: Fontanafredda Derthona Timorasso

PRECIO: $850.00 pesos.

PUNTOS DE VENTA:

City Market (En línea o en Monterrey)

Viparmex (En línea).

Historias 360