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/ 9 agosto 2026

CINCO AÑOS DE LACTANCIA: MUCHO MÁS QUE ALIMENTAR

Más que alimentar, la lactancia es una historia de vínculo, aprendizaje y acompañamiento para madres e hijas.

Cada año, del 1 al 7 de agosto, se conmemora la Semana Mundial de la Lactancia Materna. Una fecha para hablar de sus beneficios, de la importancia del acompañamiento y de todo aquello que puede ayudar a que una mujer tenga mejores condiciones para amamantar si así lo desea.

Pero para mí, hablar de lactancia no es solamente hablar de una semana.

La lactancia ha formado parte de mi vida durante los últimos cinco años: dos años con mi hija Katalina y ya casi 3 años con Loretto. Y aunque soy asesora de lactancia, vivirla como mamá me ha enseñado cosas que ningún curso o capacitación podría enseñarme de la misma manera.

Porque detrás de cada lactancia hay una historia.

Hay mujeres que amamantan con facilidad y otras que enfrentan dificultades desde el primer día. Hay quienes amamantan semanas, meses o años; quienes combinan pecho y fórmula, quienes extraen leche, quienes regresan a trabajar y hacen verdaderos malabares para continuar, y también quienes, por diferentes circunstancias, deciden o necesitan terminar antes de lo que habían imaginado.

Por eso, creo que cuando hablamos de lactancia debemos hablar menos de perfección y más de acompañamiento.

Como asesora, he aprendido que muchas veces una mamá no necesita que simplemente le digan “tú puedes”. Necesita que alguien se siente a su lado y le diga: “vamos a ver qué está pasando y cómo puedo ayudarte”.

Necesita información basada en evidencia, pero también empatía. Necesita que respeten sus decisiones, que no la hagan sentir culpable y que pedir ayuda no sea visto como un fracaso.

Y como mamá, he aprendido que la lactancia tampoco siempre se parece a lo que imaginamos antes de tener hijos.

Hay cansancio, noches largas y momentos en los que una quisiera tener el cuerpo para sí misma. Pero también hay algo profundamente especial en esos minutos de conexión: en mirar a tu hija y saber que, además de alimentarla, estás siendo para ella un lugar de calma, seguridad y consuelo.

Después de cinco años de lactancia, puedo decir que para mí ha sido mucho más que alimentar a mis hijas. Ha sido acompañarlas, consolarlas, dormirlas, reencontrarnos después de un día difícil y compartir una intimidad que cambia conforme ellas crecen.

Y quizá una de las cosas más importantes que he aprendido es que no existe una única manera correcta de vivir la lactancia.

La Semana Mundial de la Lactancia Materna también es una oportunidad para recordar que apoyar la lactancia no significa decirle a una mujer qué debe hacer. Significa fortalecer las redes de apoyo, la información, la atención profesional, los espacios para amamantar y las condiciones que le permitan tomar decisiones informadas.

Acompañar sin presionar. Informar sin imponer. Defender la lactancia sin convertirla en una medida del valor de una madre.

Hoy, después de cinco años, sigo amamantando a mi hija menor. Sé que algún día llegará el momento de cerrar esta etapa. No sé cuándo será, pero sé que, cuando llegue, miraré hacia atrás y reconoceré todo lo que significó.

Cinco años pueden sonar como mucho tiempo. Para mí, son miles de momentos pequeños que construyeron una historia enorme.

Una historia que comenzó con mi primera hija, que continúa con la segunda y que, sin duda, también transformó a la mujer y a la mamá que soy hoy.

Porque detrás de cada lactancia hay una mamá que también necesita ser cuidada.

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