Hay juegos que entretienen y hay otros que, casi sin darse cuenta, terminan convirtiéndose en un pretexto para reunirse. El Mahjong parece estar viviendo ese momento en Saltillo. Durante el último año, lo que comenzó como pequeñas partidas entre amigas ha ido creciendo hasta convertirse en una actividad que suma nuevos jugadores, clases, grupos de WhatsApp y sets de fichas que cada vez aparecen en más mesas.
MAHJONG: UNA PARTIDA, MUCHAS CONEXIONES
Esta actividad conquista Saltillo con estrategia, tradición y una buena dosis de convivencia entre amigas.
Para Adriana Ramos, Vicky Viesca y Rosy Mercado, quienes han seguido de cerca este crecimiento y además lo promueven, varias piezas se juntaron para explicar el fenómeno, mujeres buscando un espacio para reunirse en un ambiente divertido, el auge mundial del Mahjong americano en redes sociales y grupos locales que comenzaron a compartir sus partidas en Instagram.
El crecimiento ha sido evidente y lo que antes ocurría principalmente en casa, entre grupos pequeños de amigas, hoy también se encuentra en espacios donde quienes quieren aprender pueden tomar clases, conocer a otras personas y encontrar una comunidad con la misma curiosidad por el juego.
Una partida sin celular
El resultado fue una especie de efecto dominó. Alguien ve una partida, pregunta cómo se juega, consigue un set, invita a sus amigas y pronto ya hay otra mesa en funcionamiento. Y es que parte del encanto está precisamente en el ritual de sentarse alrededor de ella, acomodar las fichas y dejar que la partida avance entre conversaciones, risas y concentración.
“El juego engancha porque tiene su parte de estrategia y no es solo suerte”, explican. Pero, para ellas, el verdadero atractivo está en algo mucho más sencillo que es la posibilidad de sentarse con las amigas durante un par de horas y dejar el celular a un lado.
Y eso, en tiempos de notificaciones permanentes, resulta casi un lujo.
El Mahjong es un juego de origen chino que se desarrolló durante la dinastía Qing y que, con el paso del tiempo, viajó fuera de Asia y adquirió distintas formas de juego. El Mahjong americano es una de esas variantes y terminó desarrollando una identidad propia, particularmente vinculada con la convivencia social.
En Saltillo, quienes se están acercando al juego son principalmente mujeres desde sus veinte hasta más de 60 años, aunque también hay hombres que se han dejado conquistar por las fichas. Esa mezcla generacional es parte de lo que hace interesante al fenómeno: abuelas que ya conocían el juego, mamás que lo redescubrieron e hijas que llegaron a él a través de TikTok.
No se trata, entonces, de una actividad exclusiva para quienes ya conocen las reglas o tienen experiencia. Una de las cosas que más sorprende a quienes comienzan es descubrir que pueden incorporarse con facilidad y, al mismo tiempo, encontrar suficientes retos para seguir aprendiendo conforme avanzan.
Las redes sociales han sido uno de los grandes detonadores. Fotografías de sets, videos con consejos para principiantes y cuentas dedicadas al Mahjong despertaron las ganas de aprender y de tener un juego propio. Las fichas, además, tienen un atractivo visual que hace que la experiencia comience incluso antes de sentarse a jugar.
Pero la estética solo abre la puerta. Lo que consigue que alguien se quede es la experiencia.
Al principio puede parecer complicado, pero Adriana, Vicky y Rosy aseguran que es más fácil de lo que aparenta. Una tarde basta para comenzar a entender la dinámica y, una vez conocidas las reglas, aparece otra capa del juego: la estrategia. No se trata solamente de suerte. Hay decisiones, atención y esa pequeña dosis de competencia que hace que una partida pueda convertirse rápidamente en un reto personal.
De hecho, muchas jugadoras han descubierto un lado competitivo que no sabían que tenían. Lo que comienza como una reunión entre amigas puede terminar despertando el deseo de mejorar, aprender nuevas estrategias y, por qué no, ganar la siguiente partida.
La mesa como punto de encuentro
También existe una diferencia entre jugar de manera casual y formar parte de una comunidad. Una partida entre amigas puede ser relajada y perfecta para aprender; integrarse a un grupo, asistir a clases o participar en torneos cambia la experiencia. Ya no se trata solamente de jugar, sino de mejorar, conocer personas y sentirse parte de algo más grande.
En ese camino, el Mahjong también se convierte en una manera de ampliar círculos. Algunas llegan acompañadas de amigas y otras terminan conociendo personas nuevas que comparten el mismo interés. La partida se convierte así en el punto de partida para nuevas amistades y encuentros que van más allá de las fichas.
Ese sentido de comunidad es, quizá, uno de los elementos que explican por qué el Mahjong podría superar la etiqueta de moda pasajera.
Después del entusiasmo inicial, probablemente el ritmo de crecimiento se estabilice, consideran. Pero las tres coinciden en que el juego tiene suficientes ingredientes, estrategia, historia y comunidad, para quedarse.
Adriana Ramos, Vicky Viesca y Rosy Mercado creen que quien todavía no se ha animado a jugar debería hacerlo sin miedo. Todas comenzaron sin saber nada y, dicen, basta una tarde para entender por qué engancha tanto. La comunidad, además, recibe bien a quienes llegan por primera vez y están dispuestos a aprender.
¿Qué es?
El Mahjong es un juego tradicional de origen chino que se juega con fichas. Generalmente participan cuatro jugadores, quienes forman combinaciones de fichas, similares a tríos, pares y escaleras, hasta completar una mano ganadora.
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