Los destellos iluminan el cielo con una coreografía que parece respirar. Cada explosión tiñe la noche con rojos intensos, azules eléctricos, verdes vibrantes y dorados que caen como lluvia ligera. En las fotografías captadas por Alejandro Rodríguez, la pirotecnia transforma el firmamento en un lienzo vivo, donde los colores cuentan historias, despiertan memorias y hacen que, por un instante, el tiempo se suspenda.
En cada estallido surge una figura efímera, una chispa que nace, crece y desaparece dejando un rastro de asombro. Las imágenes capturan esa mezcla hipnótica de tonalidades que envuelve a quienes la observan, recordándonos lo poderoso que puede ser un instante lleno de luz. La belleza de sus colores no solo impacta la vista, también enciende emociones.