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/ 16 agosto 2026

EL LUJO DE NO TENER PRISA

En una época en la que todo parece ir a máxima velocidad, tener tiempo, y sobre todo sentir que podemos decidir qué hacer con él, se está convirtiendo en una nueva forma de riqueza. Esto dicen los expertos.

¿Qué es la riqueza? Entre sus definiciones, la Real Academia Española dice: Abundancia de bienes y cosas preciosas; abundancia de cualidades o atributos excelentes; abundancia relativa de cualquier cosa. Pero hay un recurso que, por más que aumente nuestro ingreso, nuestra agenda o nuestras posibilidades, sigue teniendo un límite exacto: el tiempo.

Todos los días tenemos 24 horas. ¿Cuánto sentimos que realmente nos pertenece?

La psicología lleva algunos años enfocándose en el time affluence, o riqueza de tiempo. El concepto no se refiere solo a tener horas libres, sino a la percepción de disponer de tiempo suficiente y, sobre todo, de tener cierto control sobre cómo utilizarlo.

Una publicación de julio del 2026 en la revista científica Frontiers in Public Health encontró que una mayor percepción de abundancia de tiempo se relaciona con mayor bienestar psicológico, menor estrés y mayor satisfacción con la vida.

Ahí está una de las paradojas de la época actual. Tenemos más herramientas para ahorrarnos tiempo, pero no necesariamente sentimos que tengamos más.

El email sustituye llamadas; las apps permiten pedir comida sin salir y compras en línea, y trabajar o conversar con alguien al otro lado del mundo desde un teléfono. Entonces, ¿por qué seguimos diciendo que no nos alcanza el día?

La investigadora Ashley Whillans, de Harvard Business School, ha estudiado qué ocurre cuando las personas tienen que elegir entre tiempo y dinero. En investigaciones publicadas en Social Psychological and Personality Science, ella y sus colegas encontraron que quienes tendían a valorar más el tiempo que el dinero reportaban mayores niveles de bienestar.

No significa que el dinero deje de importar. Significa que, en determinado momento, la pregunta deja de ser cuánto podemos ganar y empieza a ser qué estamos dispuestos a entregar para conseguirlo. Y esa riqueza no necesariamente aparece durante unas vacaciones extraordinarias. Puede estar en cocinar, hacer ejercicio, escribir, pintar, tocar un instrumento o simplemente conversar. Actividades que consiguen sacarnos, aunque sea por un rato, de la sensación permanente de estar corriendo detrás de algo.

Tal vez por eso el verdadero lujo contemporáneo no sea tener una agenda vacía, sino poder decidir qué merece ocuparla.

Agosto tiene un recordatorio. No hace falta esperar a enero para hacer cambios monumentales. Tal vez sea suficiente comenzar con una pregunta: Si mañana tuvieras una hora completamente tuya, sin pendientes, sin productividad y sin la obligación de aprovecharla, ¿qué harías con ella?

La respuesta puede decir mucho. Porque quizá tener tiempo no sea tener menos cosas que hacer. Quizá sea, finalmente, poder elegir.

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