Daniel Bates Hurtado prepara la cámara y espera. En la observación, la luz y la paciencia encuentra la historia: cada imagen es el resultado de mirar antes de disparar.Fotos: Luis Meléndez
DANIEL BATES HURTADO: EL BOSQUE NO SE PERSIGUE. SE OBSERVA, SE COMPRENDE Y SE ESPERA
Antes del dron y del disparo hubo método, tiempo y silencio. Con Bosque de Álamos 2, Daniel obtiene un reconocimiento nacional al demostrar que la fotografía de naturaleza no captura momentos: aprende a leerlos y a esperarlos.
La imagen no apareció de pronto. Se fue construyendo en la espera, en la repetición y en el tiempo que no se ve. El segundo lugar nacional en el Concurso de Fotografía Forestal Visión Forestal 2025, organizado por la CONAFOR, es el resultado de ese proceso sostenido, no de un instante afortunado.
Bosque de Álamos 2, la fotografía con la que Daniel Bates Hurtado obtuvo el reconocimiento, comenzó mucho antes del dron en el aire. Empezó en la observación prolongada del territorio, en la lectura del cielo y en la decisión de volver una y otra vez al mismo punto.
Antes de la imagen hay método. Equipo listo, baterías cargadas, lentes limpios, pero, sobre todo, una mirada entrenada para anticipar. “Como fotógrafo de naturaleza, uno es un observador dinámico que persigue la luz en el tiempo”, dice Daniel.
La Sierra de la Marta, en Arteaga, Coahuila, no concede atajos. Marca condiciones, impone ritmos y obliga a esperar. Comprender ese pulso fue tan determinante como el momento exacto del disparo.
El otoño dicta las reglas
Bosque de Álamos 2 forma parte de una serie dedicada al bosque de alamillos durante los inicios del otoño, una estación que para Daniel tiene un carácter casi ceremonial. “Es la época en la que se torna de colores dorados y ocres dando un espectáculo único y hermoso”.
Pero no cualquier rincón del paisaje servía. Aunque los alamillos aparecen en distintos puntos de la Sierra de Arteaga, el sitio elegido tiene un peso especial. “Ahí se encuentra el bosque más grande de ellos de toda la región, abarcando una gran extensión de casi cuatro kilómetros de largo”. El lugar no solo es bello: es estructuralmente único.
Bosque de Álamos 2, imagen con la que Daniel Bates Hurtado obtuvo el segundo lugar nacional en Visión Forestal 2025. Foto: Daniel Bates Hurtado
Desde dónde mirar
Elegir el punto exacto fue otro acto de paciencia. Daniel buscaba altura, una perspectiva frontal hacia la Sierra de la Marta. La encontró en Bosque Secreto, un complejo de cabañas. Desde ahí, el paisaje comienza a ordenarse. “Pude realizar varios vuelos con el dron y explorar diferentes ángulos, todos al amanecer”.
El objetivo era claro: “Ver la luz colándose entre los árboles, delineando delicadamente los contornos”. Levantar el dron no es solo una decisión técnica, es un cambio de lenguaje visual.
La fotografía de paisaje inicia mucho antes del clic: observar, esperar y elegir el momento preciso. Foto: Luis Meléndez
El bosque: un sistema
“Una de mis búsquedas visuales en los últimos años se centra en observar la tierra con una mirada cenital”, explica Daniel. Desde arriba, el bosque deja de ser una suma de árboles y se convierte en un sistema.
En el bosque de alamillos, esa lógica se vuelve evidente. “Al ser un solo organismo, la mayoría de los troncos son muy similares y están distribuidos de forma muy uniforme, formando patrones regulares complejos”. Desde el aire, dice, es posible “ver el todo sin la distorsión de una perspectiva”.
La imagen resultante transforma el paisaje en una composición casi abstracta, donde la naturaleza parece hablar en clave matemática: “Formas fractales, ritmo, patrones complejos de repetición... una manifestación casi pura de las matemáticas como lenguaje propio de la naturaleza”.
Entre los alamillos de la Sierra de la Marta, Daniel recorre el bosque en busca del encuadre exacto. Foto: Luis Meléndez
La luz: revela y exagera
Pero nada de eso existiría sin la luz. “La luz es el factor fundamental, sin ella nada ocurre”. Para Daniel no es solo iluminación: “La luz, al provenir del sol, es también una emisaria de vida”. Esa misma luz, al retirarse, crea sombras capaces de alterar la escala del mundo. “Un árbol que mide 10 metros de alto, en su sombra puede medir 50”. Ahí reside una parte esencial de su búsqueda visual: permitir que la luz exagere, sugiera y revele.
La espera: el encuadre
La espera es inevitable. “La luz tiende a ser más reveladora al amanecer o al atardecer, a veces por tan solo unos minutos, incluso segundos”. En ciertos paisajes, esos instantes solo se presentan “en una época del año”. En el caso del bosque de alamillos, las condiciones fueron estrictas: “Era necesario un amanecer muy limpio con el sol sobre el horizonte y los alamillos ya deshojados para poder ver sus largas sombras sobre el suelo”. El resultado no fue inmediato. “Hubo que esperarlo un año”.
Antes del disparo, Daniel Bates Hurtado enfoca, mide la luz y lee el entorno. La fotografía comienza mucho antes de apretar el obturador.Foto: Luis Meléndez
Coahuila, territorio inagotable
El premio nacional también confirma una relación profunda entre Daniel y el territorio que fotografía. “Coahuila es muy diversa en sus ecosistemas”, dice, y la enumeración parece no agotarse: bosques, desiertos, osos negros, Cuatro Ciénegas, izotales, yucas. “Podría enumerar muchos lugares sorprendentes muy diferentes uno de otro y no terminaría en un buen rato”.
La relación con el paisaje no es solo estética. “Parte de mi misión es compartir mi acervo fotográfico con personas y asociaciones comprometidas con la conservación”.
Para “algunas como FONCET, Reforestamos México, PROFAUNA, Correo Real, y CONAFOR la fotografía es unos de los principales apoyos para sus publicaciones”, destaca. Desde el aire, esa conciencia se amplifica. “A ras de suelo uno tiende a saturarse por la cantidad de información; desde lo alto las formas se decantan”. Lo que parece caótico cobra sentido. “Disfruto mucho ver ‘la forma’ del suelo”.
Con la cámara al cuello, Daniel Bates Hurtado observa el bosque en silencio. Mirar también es parte del oficio: ahí empieza la fotografía.Foto: Luis Meléndez
A Daniel le atraen los momentos raros, los que duran poco. “Registrar aquellos fenómenos o momentos efímeros... es en esta rareza en donde la naturaleza nos sorprende más”. No es lo mismo, dice, ver una mariposa volar que verla nacer.
Ahí está uno de los motores de su trabajo: volver con una imagen que pruebe lo invisible. “Regresar con una foto para compartirla con los demás y decir: ¡Mira! ¡Esto existe!”.
Joyas que no miramos
Cuando se le pregunta por las joyas naturales más infravaloradas de la región, Daniel no habla de grandes postales. Habla de lo que pasa desapercibido. De los arcoíris blancos que aparecen en invierno rumbo a San Antonio de las Alazanas, una rareza que en otros países se busca en zonas polares y aquí podemos ver a un costado de la carretera.
Los arcoiris blancos, un fenómeno natural que generalmente pasa desapercibido. Foto: Daniel Bates Hurtado
Habla también de los cactus. Pequeños, casi invisibles. “A veces nos dejamos deslumbrar por un pino frondoso y grande en medio del bosque, pero poca atención le prestamos a un cactus a ras de suelo cuyo tamaño no pasa de los 15 centímetros”. Muchos de ellos, dice, “son más viejos y raros que cualquiera de los pinos en la sierra”.
Y menciona a las cotorras serranas orientales, aves que considera parte de la identidad profunda de la Sierra de Arteaga. “Encontrarlas en pequeñas o grandes parvadas es todo un agasajo... te hacen sentir que todo está bien”.
Una cotorra serrana entre el follaje. Daniel Bates Hurtado captura el instante con paciencia y respeto por el ritmo del bosque.Foto: Daniel Bates Hurtado
Tal vez ahí esté la clave de su mirada y del premio que hoy lo distingue a nivel nacional: aprender a mirar lo que siempre ha estado ahí, pero casi nadie se detiene a ver.
La Vía Láctea sobre la sierra, captada en una de las largas jornadas de observación nocturna.Foto: Daniel Bates Hurtado