EL OLFATO: GASTRONOMÍA Y LITERATURA (4)

JESÚS R. CEDILLO

¿A usted, estimado lector, por dónde le llega el placer de la comida? ¿Visual, ver un buen platillo y bien “emplatado”? ¿La comida se le antoja y desea merced a su sabor? ¿La comida la desea y la paladea más cuando escucha el freír de la salsa en la sartén y la cocción de un pedazo de tocino al que es menester agregar un huevo enseguida? O bien a usted le llega el sabor y el apetito cuando huele, cuando olfatea un buen ajo, hierbas de olor, pimienta, carnes bien hechas en su jugo, un buen pedazo de pavo que despierta pasiones insospechadas en los comensales más recatados…

Llega un extraterrestre a su casa, señor lector. El tipo no sabe nada o poco de la tierra y le pregunta a usted: ¿cuáles son los componentes del olor de un humano? O bien: ¿usted, cuál cree es su olor dominante? ¿Y el de su pareja? Preguntas duras, fuertes, para filosofar largo y tendido mientras usted disfruta de un buen vino tinto con tonos y aromas frutales, y una buena tabla de quesos; entre más olorosos, mejor.

En el texto pasado dijimos un aforismo claro y preciso: a Dios le gusta la buena parrillada. Entre más olorosa, se disfruta más. Y el padre, el santo de los parrilleros, es el mismísimo Noé: “Y edificó Noé un altar a Jehová y tomó de todo animal limpio y de toda ave limpia, y ofreció holocausto en el altar. Y percibió Jehová olor grato…”, Génesis 8: 20-21. ¿Quiere usted preparar la mejor carne asada de su vida? Siga los siguientes pasos y recomendaciones: “cortarás el carnero en pedazos, y lavarás sus intestinos y sus piernas, y las pondrás sobre sus trozos y sobre su cabeza. / Y quemarás todo el carnero sobre el altar; es holocausto de olor grato a Jehová…”, Éxodo 29: 16-17.

¿Usted piensa que su olor es bueno? Es decir, no olor a perfume, sino expedir buen olor. ¿Cuál es un buen olor entonces; cuál es un mal olor? ¿Oler al sexo de la mujer amada es bueno o malo? ¿Según quién? Lea los siguientes ingredientes: “tras el umbral de la puerta que conducía al patio, había un pequeño montón, todavía fresco, de excrementos de gato. Recogió media cucharadita y la mezcló en el matraz con unas gotas de vinagre y un poco de sal fina. Bajo la mesa del taller encontró un trozo de queso del tamaño de una uña de pulgar, procedente sin duda de una comida de Runel, tenía bastante tiempo, ya empezaba a pudrirse y despedía un fuerte olor caustico. De la tapa de una lata de sardinas que halló en la parte posterior de la tienda rascó una sustancia que olía a pescado podrido y la mezcló con un huevo, también podrido, y castóreo, amoniaco, nuez moscada, cuerno pulverizado y corteza de tocino chamuscada, todo picado finamente…”

Según la portentosa novela del alemán (austriaco, me dicen otros lectores) Patrick Suskind, “El perfume”, esto mezclado, los anteriores ingredientes mixtos, son la base del olor de un… ser humano. Esto y no otro fue la “esencia” que se fabricó su protagonista, el abominable Jean Baptiste Grenouille, quien al nacer sin olor y humor alguno, decidió “fabricarse” un olor a humano.

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Jesus R. Cedillo

Escritor y periodista saltillense. Ha publicado en los principales diarios y revistas de México. Ganador de siete premios de periodismo cultural de la UAdeC en diversos géneros periodísticos.

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