Todos disfrutamos las historias de héroes: personas que van más allá de sus posibilidades y sacan lo mejor de ellas mismas, personas que son capaces de gestas extraordinarias. A veces se visten con una capa y salen volando, otras veces persiguen al villano de turno hasta ser justicia. Y luego está Ulises y su Odisea.
Tuve la oportunidad de ir al cine y disfrutar la cinta de Christopher Nolan, basada en la obra maestra atribuida a Homero. Más de dos horas de genialidad cinematográfica, con grandes actuaciones y con una historia que traía ecos de miles de años a sus espaldas.
Y sí, la película puede tener sus errores y hasta posibles “polémicas”. Pero eso no puede esconder que el director inglés logra su cometido: que salgamos de la proyección con el corazón un poco más grande y con preguntas que acechan los oídos del alma.
Porque, ¿qué es lo que hace de Ulises un héroe? O mejor, ¿por qué nos sentimos identificados con la travesía del rey griego, en su afán de regresar a casa y al abrazo de los seres que ama? Para mí, hay tres ingredientes que ayudan a realzar la figura de Ulises y que me dejan enseñanzas para mi vida:
1) Su capacidad de arrepentimiento: haber roto la ley de Zeus y provocar así, miles de muertes en Troya, es algo que atormenta el corazón de Ulises. Y ese remordimiento mal entendido, lo lleva a tomar malas decisiones. No es hasta que por fin desea enmendar su error, cuando encuentra paz y puede empezar a regresar a Ítaca. Pedir perdón, reconocer los propios errores, es tal vez uno de los pasos más heroicos, y, sin embargo, más necesarios en nuestra vida.
2) El amor como el motor de su regreso: la fidelidad a sus soldados y, sobre todo, el recuerdo de su esposa Penélope y de su hijo Telémaco es esa fuerza capaz de ayudarle a afrontar todas las penalidades de su viaje. Todo lo que hace, todo lo que sufre, cada paso que da están alimentados por el amor que reina en su corazón. Y es que no hay nada más grande que amar y ser amados; y ese debe ser siempre el centro de nuestra vida.
3) Confiar y soltar: una de las escenas, para mí, claves de todo el relato es el diálogo que Ulises tiene con Atenea, en el que la diosa lo invita a confiar en los dioses y no querer controlar todo. Durante todo su viaje había desafiado a los dioses, queriendo marcar él la dirección. Pero no es hasta que suelta todo y confía, dejándose al amparo de las deidades, cuando por fin llega a su casa. Y cuántas veces nosotros queremos tener todo bajo control y ser autosuficientes, olvidándonos lo grande que hace el corazón, el confiar en Dios y en sus planes.
Los héroes han existido a lo largo de toda la historia de la humanidad. En ellos reflejamos nuestras ilusiones, nuestros sueños y esperanzas. Pero a mí la cinta de Nolan me enseñó que el verdadero héroe de mi historia soy yo. Y que cuanto más tenga esa capacidad de volver a empezar ante mis errores, de tener el amor como la fuerza de mi vida y de centrar y confiar en Dios, más podré recorrer mi propia Odisea venciendo a los cíclopes, sirenas, gigantes o cualquier infortunio que se me pueda presentar delante.
Así que, ¡iza las velas y lánzate mar adentro en la bellísima aventura de tu vida! ¡Tu Odisea te espera!