VARIADITO

Variadito

Póngase cómodo

Hace poco escuché a alguien decir que leer no sirve para nada. En este mundo repleto de opiniones que opinan, uno puede darse ciertos lujos estúpidos como afirmar ese tipo de cosas. ¿Se imaginan que eso fuera real? En fin, en esta columna no pretendo explicar la importancia de leer y no sé si vaya a hacerlo algún otro día; tratar de explicar el por qué sí hacerlo sería reducir a unos cuantos motivos todo este universo que son las letras, los libros y las realidades que convergen entre ambos. Si usted, querido lector, es de lo que sostienen ese mal encausado argumento, permítame mostrarle unos cuantos textos que probablemente lo harán cambiar de opinión.

Happy New Year – J. Cortázar

Mira, no pido mucho, solamente tu mano, tenerla como un sapito que duerme así contento. Necesito esa puerta que me dabas para entrar a tu mundo, ese trocito de azúcar verde, de redondo alegre. ¿No me prestas tu mano en esta noche de fin de año de lechuzas roncas? No puedes, por razones técnicas. Entonces la tramo en el aire, urdiendo cada dedo, el durazno sedoso de la palma y el dorso, ese país de azules árboles. Así la tomo y la sostengo, como si de ello dependiera muchísimo el mundo, la sucesión de las cuatro estaciones, el canto de los gallos, el amor de los hombres.

36 – Pedro Salinas

Ayer te besé en los labios. Te besé en los labios. Densos, rojos. Fue un boso tan corto que duró más que un relámpago, que un milagro, más. El tiempo, después de dártelo, no lo quise para nada ya, para nada lo había querido antes. Se empezó, se acabó en él. Hoy estoy buscando un beso; estoy solo con mis labios. Los pongo no en tu boca, no, ya no –¿adónde se me ha escapado? — Los pongo en el beso que te di ayer, en las bocas juntas del beso que se besaron. Y dura este beso más que el silencio, que la luz. Porque ya no es una carne ni una boca lo que beso, que se escapa, que me huye. No. Te estoy besando más lejos.

No quiero rosas con tal que haya rosas – Fernando Pessoa

No quiero rosas, con tal que haya rosas. Las quiero sólo cuando las pueda haber. ¿Qué voy a hacer con las cosas que cualquier mano puede coger? No quiero la noche, sino cuando la aurora la hizo diluirse en oro y azul. Lo que mi alma ignora, eso es lo que quiero poseer. ¿Para qué? Si lo supiese, no haría versos para decir que aún no lo sé. Tengo el alma pobre y fría. Ah, ¿con qué limosna la calentaré?

La calle – Octavio Paz

Es una calle larga y silenciosa. Ando en tinieblas y tropiezo y caigo y me levanto y piso con pies ciegos las piedras mudas y las hojas secas, y alguien detrás de mí también las pisa: si me detengo, se detiene; si corro, corre. Vuelvo el rostro: nadie. Todo está oscuro y sin salida, y doy vueltas en esquinas que dan siempre a la calle donde nadie me espera ni me sigue, donde yo sigo a un hombre que tropieza y se levanta y dice al verme: nadie.

LA AUTORA

Joven apasionada por las letras, heredo de su madre y abuela los deseos de contar historias, con apenas 19 años de edad, María Treviño ya sabe lo que quiere en la vida, escribir es la máxima expresión de su existencia.

María Treviño

Joven apasionada por las letras, heredo de su madre y abuela los deseos de contar historias, con apenas 19 años de edad, María Treviño ya sabe lo que quiere en la vida, escribir es la máxima expresión de su existencia.