Un mundo sin manos y muy pequeño

 Si se observa una fotografía de Jessica Cox, todo parecería sugerir que uno se encuentra delante de una chica normalísima.

Pero al fijarse detenidamente en la imagen salta a la vista -¡qué irónico llamarlo así!- un detalle: Jessica no tiene brazos. “Era difícil ser diferente”. Así resume su niñez y adolescencia, cargadas de desilusiones y de luchas. Pero también de alegrías y gozos, como en las actividades de gimnasia, karate, canto y baile. Aunque,claro, uno no puede sino comprender que a esta joven estadounidense le llegasen las pataletas y berrinches, como ella los llama, cuando se enfadaba por la falta de extremidades. Bastaría imaginar las continuas miradas, los comentarios… “Yo solía irritarme mucho cuando la gente me miraba caminando por la calle o por la manera de comer con mis pies.

Pero he aprendido a sacar lo positivo de esas situaciones y me dan la oportunidad de utilizar ese canal de vibraciones positivas y ser un ejemplo de optimismo”. Pasaron los años y a Jessica el mundo se le hacía pequeño.

Se graduó en Psicología en la Universidad de Arizona, aprendió a manejar, a secarse el pelo, a escribir 25 palabras por minuto con un bolígrafo y hasta a ponerse lentes de contacto. ¡Todo con sus pies! Pero, el mundo seguía quedándole pequeñísimo… ¿Qué hacer? Decidió dejar volar sus sueños y se convirtió a sus 26 años en la primera mujer piloto en la historia de la aviación que lo hace sin brazos.

“A veces -dice Jessica- el miedo se basa en una falta de conocimientos y de lo desconocido. Cuando empecé a volar, me di cuenta que mi temor era porque yo no sabía mucho sobre esto”. Son muchas las virtudes que la joven ha necesitado para salir adelante. No obstante, ella da un lugar privilegiado al apoyo de sus padres, que han sido “un modelo y siempre me dicen que puedo hacer cualquier cosa que yo me proponga”.

Por ello, busca tener con ellos detalles de cariño, incluso ingeniosos, como aquel día de la madre en que colgó en su avión una pancarta que leía: “¡Mira, mamá, sin manos!”. No contenta con todo lo que ha ganado, Jessica sueña aún: “Sé que será difícil tener una familia, pero sé que voy a ser una buena mamá”. Y, entre risas, se imagina lo difícil que va a ser que un pretendiente le pida la “mano” a sus padres; ¡Sentido del humor no le falta! Tal vez es justamente este modo de mirar la vida con alegría lo que le ha disfrutar de momentos increíbles.

Como el día que se encontró con el Papa Benedicto XVI. Precisamente: con los pies y un corazón lleno de humildad regaló al Papa una medalla oficial de los Récords Guinness que atestigua su empeño tenaz por tener el valor de apreciar la vida siempre y todas las condiciones. Hoy, con 33 años a sus espaldas, Jessica vive en Tucson, Arizona, y sigue sumando logros a su lista: ya es buzo certificado, oradora motivacional, participante en diversas carreras en bicicleta y cuenta con dos cintas negras en takwondo. Ante esto, sólo podemos suponer la cantidad de retos que le ha implicado llegar hasta este momento. Pero ella es muy consciente que, “cuanto mayor es la dificultad, mayor es la gloria”.

Una gloria luchada, sufrida, pero que sólo se consigue con un corazón grande, como el de Jessica, a la que el mundo que le sigue quedando muy, pero muy pequeño.

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Juan Antonio Ruiz

Sacerdote Legionario de Cristo dedicado a la formación y orientación de la juventud saltillense, maestro en el Instituto Alpes-Cumbres en Saltillo.

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