SANANDO NUESTRO NIÑO INTERIOR

SANANDO NUESTRO NIÑO INTERIOR

¡Feliz día del niño!

Paulo Coehlo decía que cuando perdemos el contacto con el niño que habita en nosotros, perdemos el contacto con la vida. Y es que aún en nuestra adultez, volver a la infancia duele, pues habita en nuestro interior un niño pequeño que desea ser mirado, escuchado, atendido y comprendido. Ese niño interior es la imagen que tenemos en el inconsciente de cada uno, no necesariamente es lo que sucedió, pero es lo que desde nuestra capacidad cognitiva y la personita que éramos sentimos, interpretamos o cómo “nos vivimos”.

Recuperar y reconectarnos con él, significa descubrir los sentimientos y carencias que se formaron en nuestra infancia y las necesidades de afecto, de atención y de ser escuchados.

El que realicemos este trabajo con el niño interior tiene como resultado el amor, la paz interna, la seguridad, y nos ayuda a sanar emocionalmente y vivir con mayor plenitud.

Bert Hellinger lo afirma de una manera muy clara: “Todos albergamos en nuestro interior un niño herido que no fue amado incondicionalmente, que necesitó protegerse del dolor por ser demasiado vulnerable. Congelamos muchos de nuestros sentimientos y nos construimos una coraza defensiva para no sentir que no éramos amados como necesitamos.

Para sanar esa herida es necesario tomar contacto con el niño interior, ver dónde y de qué maneras fue herido, localizar ese dolor física y emocionalmente a fin de liberar la energía bloqueada. Conectar con el dolor, la rabia, la culpabilidad, la impotencia, la tristeza y de esta manera se empieza a sanar. Al reconocer al niño interior, al tomar conciencia de su vulnerabilidad pueden surgir sentimientos de soledad, vergüenza, carencia, sentirse inadecuado o inapropiado en ciertos momentos. Hemos de darle voz, dejar que llore, que exprese sus miedos y necesidades, y también sus partes positivas, los sueños, deseos, intuiciones y creatividad, y abrazarlo todo literalmente.”

Como seres humanos hemos vivido cosas maravillosas pero también tenemos heridas que nunca sanaron que se reflejan en las actitudes diarias. Y es verdad también que conozco muchos adultos enojados porque “sus padres” no responden o no hacen lo que ellos quieren, y eso es reflejo de un adulto “niño” que sigue esperando que le “den”. Un adulto emocionalmente equilibrado, acepta con amor lo que sus padres pueden darle sin dejar de darles cargas, culpas y látigos cada vez que puede. Está claro que nuestros padres lo hicieron lo mejor que pudieron y esto es básico para trabajar con este niño interior. Nuestros padres nos dieron su amor y nos formaron con los recursos que aprendieron y tuvieron en ese momento. Cada herida del pasado nos fortaleció y forjó para la persona que somos hoy en día. Si en las relaciones con nuestros padres, reflejamos en nuestra conducta cierto coraje, enojo, agresión, expectativa… es reflejo de una necesidad inconsciente que deseamos que sea cubierta y es importante sanarla por una mejor relación interior y con los padres.

Ahora siendo adultos tenemos la oportunidad de racionalizar esas experiencias sensibles y reconciliarnos con esas heridas. Al reconocer esas heridas y esas cargas que traemos, éstas dejan de limitarnos y soltamos ese peso emocional. No necesariamente tuvimos que vivir momentos traumáticos en nuestra infancia, las simples vivencias sociales y en la escuela, pueden habernos afectado de alguna manera. Según Louise Hay, casi todas nuestras creencias y patrones de comportamiento, positivos o negativos, los aceptamos cuándo teníamos entre 3 y 5 años. Desde esa etapa, nuestras experiencias se han basado en lo que aceptamos cómo verdad desde esa edad.

Si al recordar nuestra infancia tenemos recuerdos negativos, críticas o falta de amor, lo más seguro es que continúes tratándote de esa forma. Tratando de ser perfeccionista en todo y sufriendo porque nunca estás satisfecho con tus resultados. Hoy haz lo que esté en ti para tomar a tu niño interior, integrarlo en tu vida diaria, y vivir con mayor plenitud. Recuerda que el camino para ser felices, se construye cuando perdonamos, soltamos y liberamos. No podemos controlar el pasado, pero si podemos controlar nuestro aquí y ahora y dejar de tratarnos y tratar cómo interpretamos o sentimos que fuimos tratados. Al tomar el presente creamos una nueva forma de crecer, de amarnos y amar a nuestros seres queridos; dejando brillar nuestra luz y estableciendo una relación con nuestro niño desde el amor, la comprensión y sanando nuestra autoestima. El trabajar con nuestro niño interior no es sólo un regalo para nosotros, sino para nuestra familia de origen y nuestros hijos.

LA AUTORA

Mamá, esposa, terapeuta y coach Internacional por la Escuela Internacional de Coaching en España y en New York University, Certificada en Superar pérdidas emocionales por The Grief Recovery Institute. Experta en Comunicación asertiva.

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Marijose César

Mamá, esposa, terapeuta y coach Internacional por la Escuela Internacional de Coaching en España y en New York University, Certificada en Superar pérdidas emocionales por The Grief Recovery Institute. Experta en Comunicación asertiva.