Saborear la vida: coda

¿Cuál es su aroma favorito señor lector?

Gracias por leerme. Le agradezco como siempre, que usted atienda estas letras dominicalmente. Muchas gracias. Atentos lectores como usted, me han pedido que regrese al tema de un díptico que se editó aquí en lunas pasadas. Fue como el encabezado de nuevo de esta columna: el saborear la vida y tratar de explicarla en clave de comida, de gastronomía. Buenos lectores se comunicaron para comentarme de ello y aportar a su vez, sus lecturas, gula, apetencias y fijaciones de bebida y comida, para definirnos y definir todo lo que nos rodea. Y para entrar de lleno, repetimos nuestra tesis nodal: la comida (la gastronomía entendida como arte de la civilización y no sólo como un sustento básico para vivir) y la bebida forman parte de nuestro ADN.

Los escritores, esos seres desdichados de la creación, han venido dando cuenta de un descubrimiento gozoso: nuestra vida se asemeja a la gastronomía… o al revés. La comida es una metáfora de nosotros mismos. ¿Qué es una granada olorosa? “Es un cielo cristalizado”, en versos puros y precisos de Federico García Lorca. Luego, avanzando en el poema, diría: “La granada es el tesoro/ del viejo gnomo del prado.” ¿Qué es la naranja para usted señor lector, a qué la asemeja, con qué o con quién la emparienta? ¿Cuál es su recuerdo primigenio de tener una naranja en la mano y luego en sus labios y paladar? Recuerde usted que el naranjo, la naranja, es el tema completo de un libro de cuentos de Carlos Fuentes, textos que oscilan mucho en calidad unos de otros, pero libro el cual se deja leer con facilidad y buen apetito. La naranja para García Lorca es “… la tristeza/ del azahar profanado,/ pues se torna fuego y oro.”

Sigamos con el poeta granadino, quien en un texto con nombre y apellido de su musa inspiradora, “Lucía Martínez” (así se titula el poema), se dirige a ella en un texto de exquisita factura, alabanza erótica y metáforas y comparaciones que excitan el alma en tan solo algunos bien medidos versos: “Tus muslos como la tarde, van de la luz a la sombra./ Los azabaches recónditos/ oscurecen tus magnolias.” Puf, qué subida de calor al monte prometido. El poeta va de la luz (la rodilla y los muslos redondos y firmes de la amada los cuales todos podemos admirar) hacia la oscuridad, esos lugares “más recónditos” bajo una falda, luego se llegará a la tierra prometida donde la metáfora le gana y deleita al lugar común: azabaches y magnolias….

¿Cuál es su aroma favorito señor lector? ¿Su aroma es del mundo vegetal, del mundo animal, es acaso un licor como el Campari, un digestivo como el Fra Angélico, de avellanas tostadas; acaso su aroma favorito es el carbón de manzano para asar un portentoso corte de carne en su jugo? ¿Cuál es el aroma que a usted le devuelve a la vida? Sin duda, uno de los aromas favoritos y primigenios, al menos para el hombre como yo, es el sexo de la mujer. Lea usted lo siguiente del inconmensurable Rubén Darío: “¡Qué aroma derramas!/ en el alma mía/ si sé que me amas,/ oh mía!, ¡oh mía!/ tu sexo fundiste/ con mi sexo fuerte,/ fundiendo dos bronces.” El aroma se derrama, ¡a otro público lector con semejantes versos!

Buen domingo, regresaremos al tema y sí, a saborear la vida.

El autor

Escritor y periodista saltillense. Ha publicado en los principales diarios y revistas de México. Ganador de siete premios de periodismo cultural de la UAdeC en diversos géneros periodísticos.

No hay comentarios

Dejar un comentario

Su correo electrónico no será revelado