Recuperar al niño interior que habita en nosotros

Abraza la soberbia que hay en ti, porque detrás de ella hay un niño no querido

Abraza la exigencia que hay en ti, porque detrás de ella hay un niño que no sintió el amor. Abraza el “agradador eterno” que hay en ti porque detrás de él, hay un niño rechazado. Abraza la ira y el enojo que hay en ti, porque detrás de el hay un niño abandonado. Abraza al solitario que hay en ti, porque detrás de él hay un niño excluido y discriminado. Abraza el desgano, la apatía, la falta de sentido, porque… detrás de todo esto, está tu niño padeciendo ser quien no es. Abraza el dolor que hay en ti, porque detrás de él hay un niño lastimado. Los niños que habitan dentro de nosotros, están empezando a manifestarse y esta vez no paran hasta ser escuchados.” Robin Lee Viera Paulo Coehlo decía que cuando perdemos el contacto con el niño que habita en nosotros, perdemos el contacto con la vida. Y es que aún en nuestra adultez, volver a la infancia duele, pues habita en nuestro interior un niño pequeño que desea ser mirado, escuchado, atendido y comprendido.

Ese niño interior es la imagen que tenemos en el inconsciente de cada uno, no necesariamente es lo que sucedió, pero es lo que desde nuestra capacidad cognitiva y la personita que éramos “sentimos” e “interpretamos”. Recuperar y reconectarnos con él, significa descubrir los sentimientos y carencias que se formaron en nuestra infancia y las necesidades de afecto, de atención y de ser escuchados. El que realicemos este trabajo con el niño interior tiene como resultado el amor, la paz interna, la seguridad, y nos ayuda a sanar emocionalmente y vivir con mayor plenitud. Bert Hellinger lo afirma de una manera muy clara: “Todos albergamos en nuestro interior un niño herido que no fue amado incondicionalmente, que necesitó protegerse del dolor por ser demasiado vulnerable.

Congelamos muchos de nuestros sentimientos y nos construimos una coraza defensiva para no sentir que no éramos amados como necesitamos. Para sanar esa herida es necesario tomar contacto con el niño interior, ver dónde y de qué maneras fue herido, localizar ese dolor física y emocionalmente a fin de liberar la energía bloqueada. Conectar con el dolor, la rabia, la culpabilidad, la impotencia, la tristeza y de esta manera se empieza a sanar. Al reconocer al niño interior, al tomar conciencia de su vulnerabilidad pueden surgir sentimientos de soledad, vergüenza, carencia, sentirse inadecuado o inapropiado en ciertos momentos..” Como seres humanos hemos vivido cosas maravillosas pero también tenemos heridas que nunca sanaron que se reflejan en las actitudes diarias. Y es verdad también que conozco muchos adultos enojados porque “sus padres” no responden o no hacen lo que ellos quieren, y eso es reflejo de un adulto “niño” que sigue esperando que le “den”. Un adulto emocionalmente equilibrado, acepta con amor lo que sus padres pueden darle sin dejar de darles cargas, culpas y látigos cada vez que puede. Está claro que nuestros padres lo hicieron lo mejor que pudieron y esto es básico para trabajar con este niño interior. Nuestros padres nos dieron su amor y nos formaron con los recursos que aprendieron y tuvieron en ese momento. Cada herida del pasado nos fortaleció y forjó para la persona que somos hoy en día.

Si en las relaciones con nuestros padres, reflejamos en nuestra conducta cierto coraje, enojo, agresión, expectativa… es reflejo de una necesidad inconsciente que deseamos que sea cubierta y es importante sanarla por una mejor relación interior y con los padres. Ahora siendo adultos tenemos la oportunidad de racionalizar esas experiencias sensibles y reconciliarnos con esas heridas. Al reconocer esas heridas y esas cargas que traemos, éstas dejan de limitarnos y soltamos ese peso emocional. Vivencias sociales y en la escuela pueden habernos afectado de alguna manera.

Según Louise Hay, casi todas nuestras creencias y patrones de comportamiento los aceptamos cuándo teníamos entre 3 y 5 años. Recuerda que el camino para ser felices, se construye cuando perdonamos, soltamos y liberamos. No podemos controlar el pasado, pero si podemos controlar nuestro aquí y ahora y dejar de tratarnos y tratar cómo interpretamos o sentimos que fuimos tratados. Al tomar el presente creamos una nueva forma de crecer, de amarnos y amar a nuestros seres queridos; dejando brillar nuestra luz y estableciendo una relación con nuestro niño desde el amor, la comprensión y sanando nuestra autoestima. El trabajar con nuestro niño interior no es sólo un regalo para nosotros, sino para nuestra familia de origen y nuestros hijos.

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