¡MÉXICO ES NUESTRO! EL SUEÑO SE PUEDE CUMPLIR

CLARA VILLARREAL

De unos años para acá se habla muchísimo de la participación ciudadana que, básicamente, se puede definir como el involucramiento de un ciudadano en los asuntos políticos de nuestro país.

Siempre hemos querido un cambio; este ha sido el anhelo del mexicano de todos los tiempos. Pero ya hemos comprobado, elección tras elección, que el cambio no lo hace una sola persona; es decir, no lo puede lograr un presidente solo, un senador aislado, una diputada que no se detiene ante nada. El cambio lo tenemos que hacer todos nosotros, desde lo que sabemos hacer, con lo que podamos aportar a nuestro país.

Lo anterior ha levantado algunas cejas porque deportistas, actrices y gente de la farándula se han lanzado para contender por algún puesto de elección popular. A todas luces es evidente que han construido sus carreras en otras áreas y no en la política, pero eso mismo puede ser su fortaleza.

Al día de hoy la clase política mexicana enfrenta el gran reto de la falta de credibilidad. De ahí que, un candidato que venga de otras arenas puede ser refrescante. Desde luego, hay asuntos para los que se necesita una experiencia sumamente especializada, sin embargo, no es necesario ser grande en todo, sino saber rodearse de los más grandes, los más capaces y los que no tienen miedo.

Me llama la atención la crítica a la candidatura de Lupita Jones por la silla de Baja California. Lupita es una mujer de 53 años, exitosa, que ha demostrado ser capaz de arrancar una empresa desde cero y darle continuidad desde hace años. Y hoy tiene delante de ella la posibilidad de gobernar un estado. Quizá no tenga experiencia en la administración pública, aún, pero sí la tiene en el arte de la política.

Estas próximas elecciones serán las más grandes de la historia de nuestro país y hay muchos espacios abiertos para que el ciudadano asuma un rol más activo. El primero debe ser el de votar. El siguiente, ¿qué tal ser votado? Es fácil criticar desde la protección que ofrecen las redes sociales detrás de un celular o una computadora. Es algo más difícil sentarse en una mesa de cabildo, en un curul o en una oficina de gobierno.

No se vale juzgar porque alguien aspire a un puesto público, sea actriz, deportista, o una figura pública. Si queremos juzgar, hagámoslo, pero después de hayan hecho su trabajo. Y entonces sí, como en el teatro, si lo hizo bien, nos levantamos y aplaudimos de pie… hasta que se abra el telón otra vez.

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Clara Villarreal

Consultora de imagen personal, etiqueta empresarial y protocolo Institucional y organizacional.

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