ME LO MEREZCO

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“Me merezco y me doy permiso de recibir la abundancia de Dios.” MJC

Cómo nos vivimos de niños, lo que aprendimos, lo que pensamos o lo que nos compartieron que era correcto o incorrecto, se convierten en creencias, patrones e ideas que nos impulsan o bloquean en general. Por ejemplo, hay quien creció pensando que el dinero es algo malo, que viajar es peligroso, que hacer tal o cual es mortal… pero en realidad, son sólo pensamientos, que se enraízan en nuestro subconsciente y en la situación en la que se requiere esa información, salen a flote.

El sentimiento de merecimiento va muy ligado al nivel de la propia exigencia o juicio o ciertas creencias. No me merezco tal cosa porque no he trabajado lo suficiente, no me merezco tal viaje porque cómo gastaría tanto, no me merezco tanta abundancia porque… y así podríamos seguir. La realidad es que no tenemos que preguntarnos quiénes somos para querer ciertas cosas o sentirnos indignos de recibir eso material, físico o espiritual que desearíamos ser, hacer o tener.

Que cierta es la frase que dice, “aceptamos el amor que creemos merecer”. Y creo que esto aplicaría para todo. Hemos de darnos permiso para recibir más. El sentimiento de no merecer es una creencia que tenemos incrustada, muy probablemente de forma inconsciente, pero que suele bloquear el fluir natural de abundancia, éxito y todo lo que deseamos.

Esta creencia de no ser dignos es falsa. Todos, por el simple hecho de existir, ser hijos de Dios y ser libres, merecemos lo mejor. El no merecer nos ancla. Si solemos sentir que no merecemos algo, es casi imposible que lo recibamos, porque de manera inconsciente lo bloqueamos.

Partamos entonces por analizar cómo estás tú en relación con ese sentimiento del merecimiento.

¿Qué tanto te das permiso de placeres sin culparte?

¿Qué tanto te das permiso de recibir, o sueles solamente dar?

¿Qué tanta es tu apertura de disfrutar, gozar, o agradecer las cosas maravillosas que te suceden?

Date cuenta que hemos de dar gracias por lo que tenemos y lo que no tenemos, porque todos son regalos de Dios. Hemos de vibrar en el agradecimiento, pero también permitirnos pensar cosas maravillosas, plenitud, sueños, viajes, éxitos… y dejar a la cabeza volar sin que el subconsciente te diga… ¿Tú, pero de dónde?

Desaprendamos y démonos permiso de aprender a permitir que las bendiciones lleguen, en nuestro nivel consciente e inconsciente. Siéntete merecedor y digno de lo mejor para cada área de tu vida y materialízalo. Karen Cortés de Hoyos, terapeuta, me compartió estos decretos de merecimiento:

“Gracias Dios porque me merezco lo mejor y lo recibo.”

“Gracias Dios porque tú lo pagas” (en relación al dinero).

Para trabajar en el merecimiento…

1.-. Reconoce que no sabes recibir.

2.- Darte permiso para recibir de ti mismo. Reconoce tu propio valor. Celebra quién eres porque eres perfecto, así como eres. Eres digno de todo aquello que deseas.

3.- Si no te permites recibir, niegas también personas que llegan a tu vida a darte.

Siente que mereces. Siente que eres digno. Implanta en tu mente la creencia- soy digno y merecedor de todo lo bueno en esta vida. disfruto de todo lo que me llega.

Monica Fusté, terapeuta, comparte en su página un ejercicio maravilloso que me parece sumamente práctico y aplicable para nuestra propia vida.

Cuando te encuentres disfrutando de algo maravilloso (un paisaje, una compañía, una buena comida, algo que te haga sentir feliz) repite: merezco esto, merezco esta compañía, merezco esta felicidad. Repite y reprográmate con esta creencia del merezco. Sé consciente de que eso mereces y mucho más.

Te sorprenderá lo que atraes a tu vida cuando empieces a creer en lo que mereces. Dale la bienvenida al amor, a la abundancia, a la salud, a la plenitud, a la felicidad, a la libertad, y date permiso de recibir tantos regalos de Dios.

 

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