MATERINDAD, ¿UN ESTEREOTIPO SOCIAL?

MARÍA ARQUIETA

Saludos, mi estimado lector, mañana celebramos a la madre. Usted tiene una, yo tuve una y todos venimos de una, pero ¿qué se espera de una madre? Todos tenemos opiniones sobre cómo debe comportarse una madre, la vara está muy alta y es que el estándar es la madre de todas las madres: María. Pero, ¿qué es ser buena madre? y, sobre todo, ¿cómo se puede ser buena madre en estos tiempos tan complejos? Fijar un estándar en hechos del pasado sería una perspectiva errónea y anacrónica.

Podemos comenzar por enfrentar la realidad desde historias vivas y estrujantes que nos dicen mucho sobre las formas de ser madre en las últimas décadas.

Los motivos de Luz

MARIA

El hambre, la pobreza extrema, la soledad, el abandono, la marginación, el miedo, la desesperanza, la rabia, el insulto, la traición y la precaria educación son los motivos que Luz necesitaba para convertirse en la versión mexicana de la “Medea” de Eurípides.

Luz, una mujer como tantas, “enamorada” del hombre equivocado, decidida a formar una familia entre la miseria y la marginación, se convierte en la protagonista de la más horrenda de las historias, víctima y verdugo de un crimen sin nombre.

Los hechos ahí expuestos son de lo más común en la sociedad mexicana; los abusos, el maltrato, la infidelidad, el alcoholismo, la sumisión y la ausencia de ley son los males que aún azotan a muchas familias mexicanas, verdades duras y difíciles de aceptar. Una película de hechos reales que pasó desapercibida en los años 80. Una gran actuación por parte de Patricia Reyes Espíndola, dándole vida a Luz, quien aún cumple su condena en prisión. ¿Se atreve usted a juzgar sus motivos?

Tenemos que hablar de Kevin

MARIA

Hablar de ser madre, en general, siempre será un tema complejo. No es cuestión solo de una pareja de enamorados que pretenden materializar su amor, que podría ser la visión más romántica. Se trata de encajar en el arquetipo de “LA MADRE”, la madre entregada, fiel a su pedacito de carne, buena, amorosa, la que en su lista de prioridades primero deben de estar las necesidades de sus hijos, esa que parece que antes de parir no era nadie, todo debe pasar a segundo plano.

La regla dicta que, para ser señalada como “buena madre”, tus senos deben de estar rebosantes de leche de calidad, para la cual debes cambiar tu alimentación y sacar la teta a libre demanda al mínimo chillido del cachorro indefenso. Tener todo un menú equilibrado para el sano crecimiento de la pequeña promesa rumiante. También tener un ingreso estable para darle la mejor y más cara educación al brillante Einstein. Hacer lo imposible por conseguir diferentes cuentas de buen historial crediticio para ser candidato a la visa que te dará acceso al reino de “nunca jamás”, cuya evidencia debe existir en los álbumes familiares, enmarcando lo estúpido que te veías con grandes orejas de ratón. Todo para, al final, lograr que la pequeña eminencia logre regalarte su título universitario, esperando que no terminen de gerente de un Coppel todos tus miles de pesos que comenzaste a invertir desde la primera prueba de embarazo.

No pretendo herir los egos de nadie, solo dejar claro cómo la imaginación de una mente pobre de criterio y llena de fantasías prefabricadas en Hollywood puede transformar la vida de una madre en todo un infierno.

Así es como Eva, el personaje principal de la novela “Tenemos que hablar de Kevin”, escrita por Lionel Shriver, nos platica sus emociones y sentimientos acerca de ser madre. El libro es un cúmulo de cartas escritas a su marido Franklin a lo largo de seis meses. Desde muy temprano sabemos que su primogénito Kevin es el autor de la peor de las masacres estudiantiles en la historia de Estados Unidos.

Carta a carta te vas empatizando con la agonizante Eva, una mujer independiente, exitosa, viajera del mundo y con un gran sentido crítico de la política de su país. Una mujer enamorada que se siente dichosa de haber encontrado el amor de su vida en Franklin, y quien trata de comprender, al hacer un recuento de su vida en pareja, ¿dónde estuvo el error? ¿Qué salió mal? ¿Por qué su hijo, lleno de privilegios, atenciones y ciudadano del país de la libertad, se había convertido en el adolescente más despiadado hasta el momento?

Si le gustaron las reseñas y quiere unos cuantos datos más, dese la vuelta por las cuentas de Instagram @saltillo360 y @mariaarquieta, donde publicaré historias con más detalles de cada una de estas recomendaciones.

Se despide su siempre agradecida tapatía anorteñada.

María Arquieta

Tapatía viviendo la experiencia norteña, diseñadora de modas de profesión, amante de las expresiones humanas artísticas, coach ontológico, formándome para ver amor, donde los demás no lo creen posible.

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