MAIGRET Y SIMENON: SIMENON Y MAIGRET

CEDILLO

Nunca antes en la historia de la literatura se había dado tan buen matrimonio entre dos
polos en apariencia distantes, lo cual ahora, es un lujo y todo mundo imita: la gastronomía
y la investigación criminal. Los estofados, los pavos rellenos, los tallarines, las salsas en su
jugo; los buenos y malos vinos, el café, el té o la cerveza, junto a las pesquisas milimétricas
con el fin de dar con el o los asesinos y criminales en los llamados cuentos y novela negra.
Lo anterior ha dado un feliz matrimonio. Feliz matrimonio iniciado por un escritor, Georges Simenon, quien creó una figura hoy inconfundible: al sagaz, erudito, reservado e inteligente inspector Jules Maigret.

Su fecha de nacimiento es en un texto, una novela de 1929. Hoy todos o casi todo el mundo sabe quien es Maigret y su afición por la buena comida, su pasión por la buena tabla. Esta es la segunda entrega de la saga de tres, en las cuales pálidamente nos acercaremos a los brebajes y alimentos que desfilan y abundantes, en los textos de la obra prolífica y proteica de Georges Simenon. Sin más preámbulo, van algunos fragmentos de los alimentos y bebidas deletreadas en la novela “La paciencia de Maigret.”

“Vete a almorzar. Te recomiendo el estofado de ternera en casa del auvernés, si tienes todavía suerte de que te la sirvan a esta hora. Vuelve después a recogerme.”

“Quiere usted un poco más de pastel?

Si usted me acompaña. Terminaron la comida con un coñac sin marca de 65° y que les enrojeció las mejillas.”

“¡Espléndido domingo! Un guiso cociéndose lentamente en la cocina de losas de piedra azulada; el perfume de las hierbas aromáticas esparciéndose por la casa; la señora Maigret yendo de una habitación a otra con un pañuelo en la cabeza a causa del polvo; Maigret en mangas de camisa, el cuello de la camisa abierto, con un sombrero de paja, arrancando las malas hierbas del jardín, binando, escardando, rastrillando, para adormecerse finalmente, después del almuerzo y el vinillo blanco del país, en un sillón hamaca con franjas rojas y amarillas en donde el sol no tardó en alcanzarle sin interrumpir su sopor…”

Ya no quedaba más que un cliente en la mesas, dos más en el bar, obreros que trabajaban en el barrio. La rodaja de ternera era sabrosa y Maigret no recordaba haber comido lentejas tan bien condimentadas. Estaba decidido un día a volver con su mujer.”

¿Es Maigret un gastrónomo o un investigador? Lea el siguiente párrafo señor lector:
“Sobre la mesa había un asado de ternera y tallarines con salsa de tomate. El matrimonio
volvió a sus respectivos asientos con cierto nerviosismo, mientras el comisario se sentaba en el extremo de la mesa.

¿Tomará usted un vaso de vino?

La botella de vino blanco, que acaba de salir de la nevera, estaba húmeda. Maigret no resistió la tentación. Fue un acierto porque se trataba de un Sancerre seco y amargo a
un tiempo que seguramente no había sido comprado en un colmado.” Próximo domingo, un texto más.

Jesus R. Cedillo

Escritor y periodista saltillense. Ha publicado en los principales diarios y revistas de México. Ganador de siete premios de periodismo cultural de la UAdeC en diversos géneros periodísticos.

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