LA PEOR PELÍCULA QUE HE VISTO

MARÍA ARQUIETA

Saludos, mi estimado lector. Hoy vengo a hacerle una NO recomendación, y es que me considero amante del séptimo arte y la verdad es que me he vuelto flexible y no muy exigente.

Ya pasé mi etapa idealista o de “cine de arte”, mismo que es esencial conocer para pertenecer al rango de los eruditos de este rubro artístico. ¿Ya sabe a cuál me refiero? ´Ésas donde los apellidos de los directores carecen de vocales y son prácticamente impronunciables a nuestra lengua. Podremos pronunciar Tlaxcalixtlahuaca, pero no: Kytrdlltflinsky. Así de complicado el apellido, así de complicada la película. Son en blanco y negro generalmente, duran siete horas o esa es la sensación de la siesta intermedia, son lentas y profundas como los agujeros negros y al final no sabes si llorar por la sensación depresiva de los grises o por sentirte un inútil en cuestión de percepción visual abstracta.

El caso es que, desde mi elección simplista, interprétese como: escoger una película “palomera”, como denominamos en mi familia a las películas entretenidas. O sea, que no odias pero que no volverías ver porque se te olvidó que existen, ya sea porque dormiste tiernamente el 70 por ciento de la película o porque en su totalidad es un gran “Ñee”… (gruñido).

Bueno, pues le decía: el domingo por la noche, haciendo streaming a la plataforma cinéfila, me sugirió “Deberás amar”, cuya portada ya me gritaba ¡peli cursi!, cosa que es muy yo. Me gustan las películas románticas, sobre todo si son gringas, porque uno puede estar seguro que el güero de ojos azules se queda con la chica en turno, todo sale bien y los problemas siempre son resueltos con los besos del hermoso y varonil protagonista o a la inversa… el resultado es el mismo.

Ben Affleck (el susodicho), Rachel McAdams (la güera) y otra chica (la morena que me latía ya haber visto en alguna otra película del mismo estilo, solo que no recordaba ni cuándo, ni dónde. Seguro me dormí) eran los protagonistas del romance.

Comenzó bien, los primero 10 minutos comprendí todo: el susodicho y la morena disfrutaban de un tórrido romance en París. Lo que llamó mi atención es que no existían conversaciones entre los personajes, eran pensamientos de ella, describiendo sentimientos y emociones. Ella podría jurar que padece de algún trastorno mental, ya que su comportamiento era como el de una niña de 8 años que da vuelta, tras vuelta, tras vuelta -literal cual trompo chillador- sugiriendo felicidad, y él paciente y sonriente tras sus pasos de volantín TODA la película.

Total… le pone el cuerno en algún momento, ya estando en gringolandia, con la güera, que replica las mismas escenas infantiloides, pero ahora bajo los asoleados campos de trigo; y seguimos sin conversaciones, solo pensamientos e ideas de ellas. Para eso ya pasó más de una hora y se ha convertido en un infierno ridículo de mujeres bobas y un galán mudo y simplón, ¿usted cree que la terminé de ver? Pues no… la dejé por la paz, ya era demasiado mi enojo y malestar por el timo de película “romántica”.

No la vea, mi estimado lector, y si la ve… se lo advertí. Se despide su siempre agradecida tapatía anorteñada.

María Arquieta
María Arquieta

Tapatía viviendo la experiencia norteña, diseñadora de modas de profesión, amante de las expresiones humanas artísticas, coach ontológico, formándome para ver amor, donde los demás no lo creen posible.

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