La “Big Mac” de Michel Phelps

¿Qué comían, cuántos alimentos, cuántas toneladas de alimentos se consumieron como banquete en Río en las pasadas Olimpiadas?
 

Recién terminaron los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, Brasil, 2016. Y como usted lo sabe, fue una actuación desastrosa para México. Refleja el estado de cosas de la administración pública federal (Enrique Peña Nieto) y de los Estados tierra adentro (por ejemplo y aquí, Rubén Moreira), pero no refleja la grandeza, anhelos, carácter y entereza de un pueblo, no refleja al país y su gente, los que somos mexicanos. Hubo más burocracia (gente de pantalón largo) que deportistas en la delegación olímpica mexicana. En otro espacio aquí en VANGUARDIA (columna “Contraesquina” que usted ya conoce) ya lo he abordado y lo voy seguir haciendo desde la arista política.

Pero, salta a la vista la vena gastronómica, ¿qué comían los súper atletas que se llevaron oros y platas a su casa y país? ¿Cuánta proteína diaria requería maquinaria tan perfecta como la del tritón Michel Phelps? ¿Cuántos jugos  o agua para hidratarse necesitaba diario el relámpago de ébano, Usaìn Bolt, para pulverizar records mundiales en sus apariciones las cuales eran suspiros en la pista? ¿Cuántas calorías diarias necesita por ejemplo para sus veloces acrobacias de vértigo, la gimnasta Nastia Liukin, medalla de oro en las pasadas Olimpiadas de China? En resumidas cuentas estimado lector dominical: ¿qué comían, cuántos alimentos, cuántas toneladas de alimentos se consumieron como banquete en Río en las pasadas Olimpiadas?

Las Olimpiadas, ha dicho David Russell, quien fungió como encargado de supervisión y alimentos de la Olimpiada de Londres 2012, es “el evento culinario más grande del mundo.” En Río hubo 10,500 deportistas de más de 200 países, 7 mil miembros de equipos de entrenamiento y poco más de 8 millones de espectadores. Y claro, todos comen. Sólo en la Villa Olímpica se sirvieron más de 60,000 comidas diarias; en cristiano es: 250 toneladas de alimentos al día. Si usted y yo vamos a los próximos juegos olímpicos, nuestro caso no será grave, consumiremos una dieta más o menos anárquica y poco balanceada: lo que Dios provea ese día. Pero estos atletas de élite van con miras a lograr pódiums en competencias para gladiadores, justo y obligado es que su alimentación sea de primer mundo. ¿Qué consumir, qué comían estos guerreros modernos?

Pretextos hay cientos. Los mexicanos encontramos miles cuando se trata de defender lo indefendible y cuando se trata de fundamentar las derrotas. Un marchista nacional en Juegos Olímpicos pasados, al dar su versión de por qué había quedado tan rezagado del pelotón de ganadores, dijo, “es que un día antes la salsa de tomate del espagueti que comí estaba muy condimentada.” Le habían dado agruras.

¿Por qué al tiburón de la piscina, Michel Phelps no le dan agruras con sus alimentos? ¿Acaso llevaba un cocinero secreto? ¿Se alimentó con proteínas de otra galaxia para así ganar 28 medallas, 23 de oro en los 5 Juegos Olímpicos en que participó, incluyendo Río? ¿Qué comía, qué alimentos ocultos devoraba este escualo, este tritón humano? Consumía entre 8 mil y 10 mil calorías diarias. Su desayuno habitual constaba de tres sándwiches de huevo frito con queso, cebolla, tomate y lechuga; un tazón de cereal (sémola de maíz), 3 rebanadas de pan tostado con azúcar espolvoreada y 3hot cakes con  chispas de chocolate… ya luego la fotografía le dio la vuelta al mundo: fue por una hamburguesa con papas y refresco, un paquete conocido como la “Big Mac”, a esa cadena gringa llamada Mc Donald’s. No lector, no le dieron agruras como al mexicano.

Desayuno de campeones: las gimnastas, como Nastia Liukin, quien está afilada como vara de nardo, bella como una flor, tenía una ingesta diaria de sólo 1,200 calorías. Almorzaba huevos, yogurt o avena (pero nunca las tres cosas juntas). Ya luego y de plato fuerte al mediodía y al pardear la tarde, ensalada de pollo, pescado u “otro proteína”, confesó en una entrevista en Norteamérica. Lo dijo Brillat- Savarint: somos lo que comemos. El potencial de cada deportista de élite que compitió en Río de Janeiro, cosechó lo que sembró. Y mucho se le debe al día a día de su alimentación. El escualo Phelps y su hamburguesa ya son historia.

“Feliz del que aguanta la prueba, porque una vez probado, recibirá la corona de la vida…” Santiago 1:12.

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Jesus R. Cedillo

Escritor y periodista saltillense. Ha publicado en los principales diarios y revistas de México. Ganador de siete premios de periodismo cultural de la UAdeC en diversos géneros periodísticos.

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