HIJOS DE… LA CARNE ASADA 3/3

Lo vimos la ocasión anterior en este pálido tríptico: no deja de ser por demás interesante que un buen asado, la carne asada, forma parte de nuestra identidad regional y nacional, no solo es un llamado a la tabla. ¿Usted es de los que acostumbran una ensalada verde para acompañar su carne? Al parecer esta moda es, digamos, reciente. Hacia 1860 y en la Argentina, cuando esto se empezó a promover, a Domingo Faustino Sarmiento se le llamó “come pasto”. Caray, de que somos carnívoros, lo somos. 

¿A usted le gusta que lo identifiquen al decir “México” y que venga a la memoria una infame telenovela (“culebrones”, dicen los ibéricos), la inefable “selección” de futbol soccer infantil, o bien que al nombrar a nuestra patria se nos identifique con una buena carne asada, con la mar limpia y azul de nuestras playas y costas, con el chile en nogada, con el mole rojo o negro o, de plano, con el mexicanísimo tequila que duele harto en el gaznate al pasarlo puro y primigenio? Para usted, estimado lector, ¿qué o con qué identifica a nuestra patria? 

Lo vimos ya: para los argentinos, y en especial para ese escritor garboso y alto como pocos, Julio Cortázar, su país, Argentina, es tan querido como “un pez panza arriba… / lleno de vientos”, donde el que “come los asados”, “le tira los huesos…” El poema es largo y doloroso. Bello como todo lo que salió de la pluma del autor de “Rayuela”. Y vemos entonces que el alimento, en este caso, una carne asada, no es solo un pedazo de res o de cordero tostado en la brasa ardiente, no; es carne la cual nos da identidad: es símbolo, rito, arquetipo y comida familiar la cual se convierte en arquitectura y andamiaje de todo un pueblo, un país. Así ha sido siempre en la historia de los pueblos y de los tiempos.

Un poeta lusitano, Ledo Ivo (1924-2012), de verbo como tempestad, como océano, en un diálogo (réplica) con ese otro faro señero portugués y universal a la vez, el inconmensurable Fernando Pessoa, no duda en definir a su patria, a Portugal, como un país con el “olor del azúcar en los almacenes portuarios”, “las lisas que se debaten en las redes de los pescadores / y las trenzas de cebolla enroscadas en la tiniebla…” 

¿Ya lo vio, estimado lector? El alimento no es solo engullir, mascar y deglutir. No. Es un elemento divino el cual sí, nos da pertenencia, patria. Por eso de la importancia del asado en nuestra cultura, la importancia de compartir en este norte nuestro una buena carne asada. 

Las referencias al asado son ingentes y de linaje escogido. En el canto XIX de “La Odisea” del divino Homero, aquí se deletrea y milimétricamente un buen asado, uno de tantos banquetes en que asiste Ulises. Autólico al recibir a Ulises, manda a sus hijos a preparar un fastuoso banquete, que se cuenta así: “Y trajeron un toro robusto: tenía cinco hierbas / y después de arrancarle la piel, separaron los miembros / y, cortada hábilmente la carne y clavada en espiches, / con destreza la fueron asando e hicieron las partes. / Luego allá hasta la puesta del sol se quedaron comiendo / sin que nada faltase en el bien repartido banquete…”

Jesus R. Cedillo

Escritor y periodista saltillense. Ha publicado en los principales diarios y revistas de México. Ganador de siete premios de periodismo cultural de la UAdeC en diversos géneros periodísticos.

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