EL TIEMPO DE LOS EXTREMOS

JESÚS SANTOS

En las noticias estos días, hay noches de cristales rotos por todos lados. La información está llena de odio y cizaña. La muerte y la precariedad acechan a la vuelta de cada esquina. El miedo, que tanto cansa a las familias, presente en cada comentario. 

La incertidumbre que aturde la paz está siendo avivada por la irresponsabilidad y la falta de profesionalismo de muchos. Más de uno, en tiempos de pandemia, ha respondido más con un “haz y deja hacer” que con el esfuerzo que requiere alcanzar consensos y poner el pensamiento científico y la argumentación racional en la cima del quehacer social.

Se desdibuja el mundo en el que crecimos. Para los más pequeños, productos audiovisuales cargados de agendas ocultas que “saltan” a los ojos de un adulto. Para los grandes, la información cada vez es más sesgada y extremista, cargada también de su propia agenda. Claro, supongo que el titular: “El mundo NO se va a acabar mañana” no vende periódicos, ni consigue retuits. Se desdibuja el centro por enfocar los extremos. 

Se pierde el heroísmo del que concilia, del que procura el acuerdo, del que busca la mejor solución posible, mientras se ensalza un encono exacerbado de buenos y malos que, de prisa, conduce al país al precipicio.

Se aplaude al primero que objeta, como si fuera un deporte. Sin importar si la queja o el comentario es válido, dejando de lado la razón y el juicio. El problema, me digo a mí mismo, es que se juzgan las intenciones. Cosa que es imposible de hacer bien y que requiere no considerar al otro como un ser igual, capaz de todas las cosas (buenas y malas), igual que todos.

Para juzgar las intenciones se tiene que ser más sabio, más progre, más conservador, más listo e inteligente que los demás. Para poder decir que alguien sabe por qué hace otra persona tal o cual cosa, requiere sentirse muy por encima.

Y de todos los demás es requerido el silencio. La complicidad de no decir nada. Injusto que para que la virtud se ensalce, haya que ponerle piel al asunto. Y, por eso, bajamos la mirada, y no discutimos, y no publicamos, y nos reímos de los que piensan que un coche eléctrico puede ser una buena idea. Ninguneamos a los que proponen que el esfuerzo es un gran motor para la educación del carácter. Nos compadecemos de los que promueven la vida, la familia o el valor indiscutible de la persona, porque no están en el mundo de hoy.

Cristales rotos y una espiral de silencio peligroso. Se acabó el crédito que compró la libertad en la que crecimos. Y, a nosotros, que nos toca volver a comprarla, nos parece carísimo que se pague en sangre, en incomodidad, en esfuerzo, en injusticia.

Estos días de incertidumbre y crisis, a mí en lo personal, me llevan a revalorar las cosas buenas que tengo. Desde el cariño de mi familia hasta el privilegio de la paz. También me hacen ver con claridad que éste es el momento en que debemos sostener los ideales difíciles. Éste es el momento en que enfocamos con nitidez el esfuerzo y el sacrificio necesario para ser mejores personas. Éste es el momento de proponer, de abrir diálogo y debate, de pensar con la cabeza y exponer el pensamiento sin prisa.

Jesús Santos

Educador con amplia experiencia en la formación de padres de familia, docentes y alumnos. Especialista en personas. Intenta todos los días educar en libertad. Regio de origen. Actualmente dirige el North Hill Education System en el norte de la ciudad. Papá de 4, esposo de una para toda la vida.