EL SELLO DISTINTIVO DE LAS OBRAS DE LORENA MARTIN GARZA | Saltillo360

EL SELLO DISTINTIVO DE LAS OBRAS DE LORENA MARTIN GARZA

FOTOS: LUIS MELÉNDEZ

Lorena Martin Garza es un lienzo en blanco. Camina hacia nosotros con una sonrisa y
sus materiales bajo el brazo. Su mirada vuela, se posa sobre los objetos solo superficialmente antes de alzarse en una nueva corriente de aire. Absorbe la luz y el silencio, la música y el color. ¿A dónde la llevará esta vez?
Hoy nos lleva a su estudio, escondido tras un par de puertas también blancas.

Es un nido. A la izquierda cuelgan las obras en proceso, a la derecha descansan las pinturas, los hilos y más materiales sobre los estantes y dentro de los cajones. Las alfombras llevan el registro de la creación en sus manchas multicolores. Las esculturas en las esquinas delimitan el espacio creativo. En una pared de corcho se encuentran fotografías de su cotidianidad y su arte.

De allí partimos.

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A través de la pintura y los hilos, Lorena Martin crea mundos donde podrás conectar contigo mismo y con tus emociones.
A través de la pintura y los hilos, Lorena Martin crea mundos donde podrás conectar contigo mismo y con tus emociones.

FAMILIA: EJEMPLO Y AMOR

Lorena nació en Monterrey, Nuevo León; pero se mudó a Saltillo a los 5 años, después de la pérdida de su mamá, Hilda Lorena Garza. No regresaría hasta los 19, para estudiar la Licenciatura en Diseño de Interiores en la Universidad de Monterrey (UDEM).

A ambas ciudades, entre las que ha dividido su vida, las considera sus alma máter, por las enseñanzas que le dejaron. Saltillo fue un reto: cambiar de amigos, adaptarse a otro ambiente y escuela; Monterrey era acogedor: un lugar para hacer una pausa y respirar.

Es como es gracias a su familia, su ejemplo y amor. Su padre, Ricardo Martin Vergara, siempre apoyó sus sueños; su hermano, Ricardo Martin Garza, es su mejor amigo, una persona noble que le motiva.

El hilo es el sello que distingue sus obras de arte.
El hilo es el sello que distingue sus obras de arte.

Ambos se encuentran en el hemisferio opuesto, lógico, financiero. Esta perspectiva le ha permitido ver hacia afuera y aterrizar sus proyectos.

Su tía, Brenda Garza, es su mentora artística. Un alma libre y admirable, con sabiduría interna y espiritual, que se permite fluir y que se entregó al arte y a involucrar a los demás en él. “Siento que de ella me viene el don de pintar”, expresó Lorena.

Su abuela paterna, Araceli Vergara, de carácter firme y que estuvo para ella en Saltillo. Su abuela materna, Hilda de la Fuente, una persona amorosa que la recibía en Monterrey.

Su novio, Adrián Garza, un hombre dedicado y perseverante en las metas que se propone, es quien le da ese empujoncito para hacer realidad sus planes.

"Trata de conectar, que esta obra te haga regresar a tu intención más elevada, escógelo. Puede ser la paz, el amor."
“Trata de conectar, que esta obra te haga regresar a tu intención más elevada, escógelo. Puede ser la paz, el amor. “

HILADA AL PRESENTE

Aunque desde niña le gustó pintar, nunca pensó en acercarse al arte. Su exploración inició cuando, al diseñar su cuarto, quiso incluir una obra; no cualquiera, ya la tenía grabada en la mente. Le pidió a su tía que la hiciera. Como necesitaba darle instrucciones detalladas, ella le sugirió: ‘¿por qué no la haces tú?’

Así fue. Esos instantes de creación se convirtieron en terapia. Lorena pensó: “pintar va a ser como mi diario”. Allí expresaría sus pensamientos, con la profundidad a la que siempre los ha llevado. Los representaría en una pieza. “Fue como ver qué pasaba. Explorar. Darme ese permiso que en otras áreas de mi vida no me daba”, contó.

Además, al ser una persona muy perfeccionista, el arte se convirtió en un espacio donde dejaba de centrarse en los detalles. Fluía a través de esos instantes creativos, las texturas y elementos para darle una tercera dimensión. Si ves sus cuadros desde una u otra perspectiva o con un tipo de luz u otro, la experiencia cambia.

Cada pintura es totalmente auténtica e irrepetible, cada una es un símbolo personal de amor incondicional.
Cada pintura es totalmente auténtica e irrepetible, cada una es un símbolo personal de amor incondicional.

Lo noté en su taller. Al deslizarse mi mirada por los trazos, encontraba un detalle nuevo: espirales, relieves, hilos y alfileres, esferas, mariposas, combinaciones de colores; una figura nace entre la mezcla y luego desaparece, devorada por otra.

Un elemento la acompañaría desde entonces y se convertiría en su sello: el hilo. Mientras hacía su primera obra, quiso incluir un símbolo de su bisabuela, quien estuvo al pie del cañón cuando perdió a su mamá. Lo encontró en la máquina de bordar y de coser de su bisabuela, abandonada en el taller de pintura de su tía.

El hilo que conecta alfiler con alfiler, lo literal con lo abstracto, y se entrecruza caótico sobre los trazos, es también el espíritu de su bisabuela hilado al presente. Así lo decidió: todas sus piezas tendrían ese punto de conexión.

Un elemento la acompañaría desde entonces y se convertiría en su sello: el hilo.
Un elemento la acompañaría desde entonces y se convertiría en su sello: el hilo.

MANIFESTARSE EN LOS CORAZONES

Su segunda obra nació en una clase de pintura. Ella iba con cero planes o intenciones; se abstraía con sus audífonos, sin ver, ni escuchar a nadie. Sus compañeras, al contrario, llegaban con hojas impresas de lo que iban a pintar y se frustraban si no les daba un color.

Una señora se acercó, le dijo qué percibía en su lienzo: la silueta de la Virgen. Lorena no la quiso ver. Se resistió. No sabía si seguir o taparla y fingir que no la vio. Su parte consciente sabía que no era una manifestación, sino algo pendiente de sanar.

La palabra ‘mamá’ era difícil de pronunciar; ‘¿tu mamá va a venir por ti?’, una frase que no decía. Esa figura materna se asomó en sus trazos. Una vez frente a sus ojos, pudo trabajar en ello. “Era algo que realmente no estaba dejándome avanzar”, contó.

Subió una fotografía de la obra a su Instagram. Entonces, una empresa de diseño de interiores que admiraba le contactó: una de sus clientas la quería. ¿Qué hacer? Lorena no se dedicaba al arte y era una pieza muy personal. Acudió a su papá, su mentor, por consejo. Si bien tenía un valor sentimental, la Virgen nunca fue el mayor sello de su
espiritualidad.

Lorena escucha y entiende a sus clientes para encontrar esa conexión en la pieza.
Lorena escucha y entiende a sus clientes para encontrar esa conexión en la pieza.

Estableció una suma. Si la clienta aceptaba, la vendería. A las dos semanas le contactaron para acordar la transferencia. Fue el primer paso. La gente comenzó a preguntarle si tenía otras. Hasta hoy en día, es una de las obras que más le piden replicar.

Así se dio cuenta de que tenía un mensaje por transmitir: darle una oportunidad a la Virgen de manifestarse en los corazones de las personas, que cada una de ellas pueda darle ese valor emocional, religioso y espiritual, y contar con esa escucha única y directa.

No tienen rostro. ¿Qué figura hay realmente? Quien la ve, podrá colocar la expresión que necesita: de motivación, de decepción o tristeza ante un error; así, empiezan a hablar a través de la creatividad.

“Tú le hablas y sabes que está para ti. Es como una madre, tal cual, cada quien tiene su mamá, tan perfecta como todas, pero todas son diferentes”.

¿QUÉ ES EL ARTE?

Es catarsis. Exploración de su ser. Es un momento presente que te lleva a un mundo donde podrás conectar contigo mismo y con tus emociones. “Es algo que puedes ver, entender y sentir, cómo se ve una obra; sin embargo, al final, nunca lo vas a entender al 100 por ciento”, expresó.

A Lorena le impresiona ver sus obras y redescubrir las emociones de ese día con otros ojos y un panorama distinto, manteniendo la autenticidad al aceptar si nació del dolor, la tristeza o la soledad.

“Nunca el arte va a ser romántico, aunque así parezca. Por más que una obra pueda llegar a tener esa sensación, nunca sabemos lo que hay atrás de ese artista, ese sentimiento puro que realmente fue con el que se creó”, señaló.

INTENCIÓN Y VÍNCULO

Sus obras son auténticas, -no hace réplicas- y siguen la línea de representación espiritual, no necesariamente religiosa, sean vírgenes, paisajes o abstractas.

Para sus pedidos, entrevista a los clientes: les permite expresarse, los escucha, y a veces, los guía en su intención. Su objetivo es transmitir sus sentimientos, de tal manera que encuentren esa conexión en la pieza.

“En el momento en que tú conoces a una persona, que ella logra realmente tener ese vínculo contigo, de decir: ‘me importan tus obras no porque estén bonitas, sino porque hay algo atrás’; para mí, eso es lo que al final hace que el arte cueste y valga: la intención”. Siente mucha responsabilidad; por ello, trabaja constantemente en sí misma: va a cursos y desahoga sus emociones en terapia para poder entregar a sus clientes un instante auténtico de gratitud, conexión y paz.

A la fecha, ha vendido su arte en casi toda la república mexicana y tres obras a nivel internacional en Santander y Madrid, España, y Estambul, Turquía.

Estuvo vía virtual en la Feria Internacional de Arte Mexicano en la Ciudad de México, en 2021. Actualmente, se prepara para participar en la International Contemporary Art Fair, que se realizará en septiembre en Luxemburgo.

IG: @hilosdemarte
TIK TOK: @hilosdemarte
FB: Hilos de Marte
www.hilosdemarte.com

HILOS DE MARTE

Es la galería de Lorena Martin: exploración y conexión, un puente entre lo físico y lo incorpóreo. El nombre surge de los hilos entretejidos en sus pinturas, una red multicolor que representa la unión entre individuos; y del planeta Marte, mezcla de su apedo con la palabra ‘arte’.

“El planeta es tangible, pero a la vez súper intangible. Es algo que hemos explorado los humanos, sabemos cosas de Marte, estamos intentando llegar y crear cosas allá, descubrirlo; pero, a la vez, sigue siendo totalmente abstracto”, explicó.

El contar con su propia galería le permitió mantener su autenticidad, ir a su ritmo, pintar cuando quisiera y poner los precios que reflejan el valor de su tiempo y labor.

Lorena Martin Garza
Lorena Martin Garza

Actualmente, compagina su labor artística con proyectos de interiorismo, pues considera que ambos se complementan: el espacio es otro lienzo. La experiencia de sus clientes la determinan las decisiones de materiales, paleta de color y otros elementos.

Lorena busca que las personas vean el proceso de creación, escuchen qué hay detrás de un artista, una pieza o un taller y conecten con sus historias. Está trabajando con su equipo de marketing para acercar estas experiencias a través de videos y sus redes sociales.

Además, desea darse a conocer a nivel internacional y que sus clientes tengan la satisfacción de que su inversión sigue creciendo, evolucionando, llegando a distintos lugares, y que – como el hilo- esta creencia y visión conecte en diferentes partes del mundo.

Carolina García

Nació en Saltillo, Coahuila en 1995. Ama la lectura y narrar historias. Es licenciada en comunicación por la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Coahuila. Participó en las antologías de cuento: “Imaginaria” (2015), “Los nombres del mundo: Nuevos narradores saltillenses” (2016) y “Mínima: Antología de microficción” (2018).