El resentimiento

Enfermedad silenciosa que va pudriendo el corazón

Al salir por la puerta hacia mi libertad supe que, si no dejaba atrás toda la ira, el odio y el resentimiento, seguiría siendo un prisionero.” Nelson Mandela El resentimiento es una enfermedad silenciosa que va pudriendo el corazón, que la mayoría de las veces no se reconoce, y que va llenando de negatividad y endureciendo el corazón. Guardar rencor es como agarrar un carbón que se está quemando: El que se quema eres tú. Y la realidad es que ciertas cosas necesitan ser acabadas, antes de que ellas acaben contigo.

Resentimiento es “re-sentir” el enojo y dolor que vivimos por alguien o por una situación. Es un enojo no expresado que guardamos y reprimimos por temor a las consecuencias o la incapacidad de enfrentarlo ante quien lo provocó. Este puede agrandarse también por sensaciones de inferioridad, de sentir que se aprovecharon de nosotros, de inseguridades. A veces el ego de querer demostrar que somos fuertes y de que el otro no tiene el poder de hacernos sentir mal nos gana, pero esto solo nos daña.

El resentimiento nace también por una cuestión de decepción y expectativa, estando esperando que los demás den algo que uno está dispuesto a dar. Isabel Allende tenía razón al decir que cuanto más grande es la herida, más privado es el dolor. Una persona resentida se va cerrando el corazón, porque no quiere confiar más ni ser más lastimada o decepcionada. Se va pudriendo por dentro porque va alimentando con pensamientos ese rencor y haciéndolo más grande. Todos conocemos a alguien que dice: “Yo ya perdoné, yo no estoy resentido, que hagan su vida sólo lejos de la mía.”

Pero eso se queda en las palabras, porque en sus acciones denotan todo ese coraje y resentimiento. ¿Cómo sanarlo? Toma papel y lápiz, esta carta es para ti, no se la vas a dar a nadie. Escribe en papel quién y de qué forma te afectó y de que manera esos sentimientos te han influido. Escribe y remarca esos recuerdos que te dolieron y mantienen ese resentimiento. Ahora imagínate que eres esa persona, concéntrate en identificarte con ella y sentir sus sentimientos, eso es compasión. Cuando llegamos a ser compasivos con los demás y con las situaciones, llega la verdadera paz. Piensa si la persona fue consciente del daño que te hizo. Si tu respuesta es que fue con la intención de dañarte, identifica que tenía un propósito en tu vida y una lección que aprender de esta situación.

No te lamentes por lo que quedó en un pasado. Repite “Eso ya pasó. No puedo cambiar el pasado, pero quiero tener un buen presente. Me despido y lo dejo, me despido y te dejo, porque es en el pasado donde esto corresponde.” Realiza este ejercicio constantemente: “A todos los que me han lastimado consciente o inconscientemente y a todos los que he lastimado consciente o inconscientemente: lo siento, perdón, gracias, te amo.” Decídete perdonar. Perdonar y soltar es una decisión. Suelta el coraje que te impide vivir con plenitud y bienestar y deja de darle vueltas a eso y al dolor. Perdónate a ti. Muchas veces estamos enojados con nosotros mismos.

Deja de regañarte por no poner límites o por lo que pasó. Esta experiencia estabas destinado a vivirla, ahora lo que te corresponde es aprender. Acepta que muchas veces nos suceden cosas que aparentemente no merecemos pero que Dios tiene un mayor propósito de ellas en nuestra vida. Cada cosa que nos sucede es para que nos perfeccionemos. Aunque en ocasiones parezca injusta, recuerda que esto es para que crezcas. Revisa cómo está tu autoestima y comprométete a sanarla. Si vives culpando a todo mundo y te haces la víctima constantemente, no podrás avanzar. Deja de darle vuelta a los problemas y a las heridas.

No permitas que tus pensamientos aumenten tus emociones negativas y distorsionen tu percepción de los hechos. No exageres, no generalices, no caviles de más. Recuerda que al aceptar que cada situación es perfecta, podemos liberar en un instante años de rencor, resentimiento y enfermedad. Buda decía que sólo aquellos que se liberen de pensamientos resentidos, encontrarán la paz. Recuerda que dejar ir, es dejar llegar. A medida que sueltes todo rencor y resentimiento, comenzarás a sentirte más liviano.

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