El orgullo de un campeón

Siempre consideró a sus compañeros como personas

extraordinarias de quienes pudo aprender mucho y a quienes

nunca les faltó su apoyo

 

El orgullo de este campeón es su familia; lo dijo con toda sinceridad en una entrevista al ABC, porque “…no es para menos”. Se llama Alfredo Di Stefano. Difícilmente se puede decir de dónde es, pues, aunque nació en Argentina, lleva ya cincuenta años en España y la ama con todo el corazón.

Me dio mucho gusto encontrar un hombre para quien su familia ha sido la motivación que lo llevaba a jugar y a dar lo mejor de sí mismo en cada partido; y eso que no le ha faltado nada en la vida.

¿Dinero? Cuando España se recuperaba de su crisis en los años cincuenta, el número nueve del Real Madrid llevaba tranquilamente dos mil dólares en el bolsillo. ¡Toda una fortuna en aquellos años!

¿Fama? Tanta que el 26 de agosto de 1963 fue secuestrado mientras su equipo se encontraba en gira por Venezuela. Un hombre como él sería la mejor publicidad para dar a conocer el Frente de Liberación Nacional de ese país.

¿Viajes? Ya desde que jugaba en el “Millonarios” había estado en España: Valencia, Sevilla, Las Palmas, Madrid. Y desde que vistió el uniforme blanco, las giras por América se repitieron año tras año.

¿Triunfo? Fue él quien inmortalizó la playera número nueve del equipo merengue, la misma que más tarde vestirían Hugo Sánchez y Raúl. En su magnífico palmarés cuenta con cuarenta y nueve anotaciones en una Copa de Europa, infinidad de partidos ganados, goles espectaculares, premios y reconocimientos. Jugó

en grandes equipos como el River Plate, el Real Madrid, el Barcelona, el Millonarios. En fin, siempre ha sido considerado por los expertos como uno de los mejores jugadores de la historia.

¿Amistades y cariño? En el Real Madrid lo recuerdan como un hombre que vivía para el equipo. Siempre consideró a sus compañeros como personas extraordinarias de quienes pudo aprender mucho y a quienes nunca les faltó su apoyo. Recibió una medalla de las manos de Perón, conoció a Evita, trató con Franco. El público español lo quería, porque, como él dice: “yo vine a España a trabajar y en el fútbol hay que trabajar para el pueblo, para los que pagan la entrada”.

En toda la entrevista no se lee una sola palabra que denote presunción de sus goles, sus premios, ni siquiera de su equipo. Pero eso sí, al final, y sin que el entrevistador se lo preguntara, afirmó: “Yo estoy orgulloso de haber sacado adelante a mi familia, haber trabajado para mis hijos y ahora pasar la vejez con mi señora. Le agradezco a Dios que la familia haya estado siempre junta […] Estoy orgulloso de tener seis hijos funcionando en esta vida. Y no es para menos”. Efectivamente, no es para menos, porque personas y familias como la suya son siempre una muy buena noticia… una que es más importante que la de sus triunfos, sus viajes, su fama o su dinero.

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