EL MÉXICO DEL DR. ATL

POR: ELISA C. DÁVILA

‘Volcanes’.
‘Volcanes’.

Los azules, turquesa, índigo y violeta contrastados con los siena, ocres y marrones, en una vista aérea que nos eleva por sobre los majestuosos volcanes de nuestra tierra, a los que acompañan y resguardan un ejército de caprichosas nubes de níveas tonalidades…

…o la claridad y luminosidad de un verde paisaje montañoso que nos sitúa por encima de esa vastedad captada en una perspectiva curva  tan propia de su narrativa pictórica que nos hace vibrar, conmovernos ante ésta monumental grandeza en donde lo mismo caben rocas que las montañas, árboles que nopales, infinito y pequeñez, espíritu y materia…

‘Erupción de Paricutín’.
‘Erupción de Paricutín’.

Y qué decir de la fuerza volcánica que estalla en hipnótica fantasía llena de energía liberadora, purificadora, acicate de pasiones (para bien o para mal), que sin duda modifica el rugoso paisaje como una magnífica cicatriz:  invasiva, latente, viva, hechicera y ópticamente perfecta…

Y es que GERARDO MURILLO CORNADO (1875-1964), el auto nombrado Dr.ATL , (agua en náhuatl), ese gran polímata mexicano, que lo mismo escribe que pinta, participa activamente en política que enseña en la academia de artes, estudia los volcanes o crea sus propios pigmentos,  nos envuelve en su discurso pictórico haciendo del paisaje nacional su lenguaje, tema y recurso al que imprime con vehemencia un sello expresionista vigoroso, subjetivo, lleno de fuerza para retratar al México vivo, apasionado, festivo y lleno de contrastes, que se convierte en memoria histórica y cultural de lo nuestro.

Como hombre de pasiones cultivó también el género del retrato dejando en ellos muestra evidente de su gran amor por Carmen Mondragón, a quien él llamó Nahui Ollín, (perpetuo movimiento), y varios autorretratos en los que se pinta con mirada penetrante y retadora y con fondos de lo más variado: desde paisajes rurales, volcanes o su propio estudio.

La plástica nacional está en deuda con ésta extravagante y polifacética figura que instó a sus alumnos y coetáneos entre los que se cuentan a Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros, a la búsqueda y construcción de un arte que incorporara las nuevas teorías pero  que incluyeran la investigación,  creación y propuesta propia, y construyeran un reflejo del alma nacional.

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