EL HAMBRE EN LOS TEXTOS DE RULFO

JESÚS R. CEDILLO

Usted y yo lo hemos explorado desde hace largo tiempo en este espacio de análisis gastronómico dominical: el mundo se puede explicar, y lo podemos entender y glosar y desglosar, en base a los alimentos. O la ausencia de ellos, pues. Es decir, nuestras deficiencias alimentarias. En el texto pasado visitamos someramente a ese genio mexicano, ya unido a la eternidad: Juan Rulfo. Autor de una obra tan parca como única e invulnerable: sus dos textos “El llano en llamas” y “Pedro Páramo”, que conforme pasa el tiempo se hacen eternos. Ya lo son desde que salieron de la pluma del maestro de Jalisco.

La ocasión pasada, e insisto, someramente transcribimos unos párrafos de la obra de Rulfo donde se hacen presentes alimentos (o la ausencia de ellos, mejor escrito), modos de comer, qué alimentos había disponibles a la tabla y, en fin, eso llamado cultura en general, que rodea a sus personajes en ese comal ardiente, en ese llano o etapa de Jalisco. Sin más preámbulo, lea usted los siguientes fragmentos:

“Mi madrina no me regaña porque me vea comiéndome las flores de su obelisco, o sus arrayanes, o sus granadas. Ella sabe lo entrado en ganas de comer que estoy siempre. Ella sabe que no se me acaba el hambre. Que no me ajusta ninguna comida para llenar mis tripas aunque ande a cada rato pellizcando aquí y allá cosas que comer”.

“Lo vi beber agua; pero lo que pasaba era que se había tragado un buen puño de ajolotes, porque el charco donde se puso a sorber era bajito y estaba plagado de ajolotes. Debía de tener hambre”.

“Yo no soy más que borreguero y de ahí en más no sé nada. ¡Con decirle que se comía mis mismas tortillas y las embarraba en mi mismo plato!”

“Fue cosa de un de repente. Yo acaba de comprar mi sarape y ya iba de salida cuando tu hermano le escupió un trago de mezcal en la cara a uno de los Alcaraces. Él lo hizo por jugar”.

“Pero tómese su cerveza. Veo que no le ha dado ni siquiera una probadita. Tómesela. O tal vez no le guste así de tibia como está. Y es que aquí no hay de otra. Yo sé que así sabe mal; agarra un sabor como a meados de burro…”

“Y estaba reflaco, como trasijado. Todavía ayer se comió un pedazo de animal que se había muerto del relámpago. Parte amaneció comida de seguro por las hormigas arrieras y la parte que quedó él la tatemó en las brasas que yo prendía para calentarme las tortillas y le dio fin. Ruñó los huesos hasta dejarlos pelones.”

“El lugar no era feo; pero la tierra se hacía pegajosa desde que comenzaba a llover, y luego había un desparramadero de piedras duras y filosas como troncones que parecían crecer con el tiempo. Sin embargo, el maíz se pegaba bien y los elotes que allí se daban era muy dulces…”

Jesus R. Cedillo

Escritor y periodista saltillense. Ha publicado en los principales diarios y revistas de México. Ganador de siete premios de periodismo cultural de la UAdeC en diversos géneros periodísticos.

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