EL ESCLAVO

La casa de mis padres está llena de libros, no sé cuántos, pero de verdad parece una biblioteca.

Desde pequeño recuerdo a mi mamá con un libro en la mano, y no el mismo, siempre uno diferente. Sigue con su mismo hábito, pero ahora ya más moderna con su kindle. Cuando estaba en primaria y tenía que hacer algunas consultas para las tareas, no batallaba, ella siempre sabía donde consultar.

Es una gran lectora, conoce de todos los géneros y a muchos autores.

En lo personal me ha costado seguir su ejemplo, sin embargo, sus recomendaciones siempre me han fascinado.

En mi memoria está un libro en particular, uno de bolsillo, muy pequeño. Me llamaba la atención el tamaño, más no el título.

Siempre estaba a la mano, en una esquina del librero como diciendo a gritos “léeme.” No lo hice.

Paso el tiempo, dejé la casa de mis padres y ese pequeño e insignificante libro se fue conmigo.

Ahora estaba en un cajón de mi hogar y al hacer limpieza pensé que sería buena opción donarlo y librarme de él. No lo hice.

Su portada no era nada atractiva, pues tenía única- mente un ojo grande. Sus colores negro y café tampoco eran los más bonitos.

Me volví a mudar, se fue entre las cajas y llegó a mi nueva residencia. Lo puse debajo de un mueble y ahí se quedó.

Un día al buscar qué leer me lo encontré y por fin lo tomé.

Lo abrí, empecé y no paré; Me tenía atrapada, enganchada, así como su nombre; “El esclavo”.

Conforme pasaba página sus palabras llegaban a mí de una forma especial, tanta verdad plasmada ahí, tan fácil de digerir y tan real.

Con frases que me llegaron de muchas formas al corazón, que me hicieron analizar la vida y cuestionarla.

Me di cuenta de lo encerrados que estamos los seres humanos en pensamientos y que son minoría los que logran liberarse de esas cadenas.

Y después de tantos años ese pequeño librito me dejó lecciones y también la oportunidad de escribir esta columna, y recomendárselo a todos ustedes. (Quizás mucho ya lo le leyeron)

El esclavo, una novela sobre el perdón y la verdadera superación personal de Francisco J. Ángel, publicada en el 2002.

“El ser humano tiene la creencia errónea de que necesita algo para ser feliz, no se da cuenta que ¡¡¡tiene todo lo que necesita!!! No se da cuenta de que la felicidad es una forma de ver la vida, una actitud, una costumbre.  “Comprendí que esta vida es la única oportunidad que tenemos de ser nosotros mismos”

 

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Mariana Cabello

Mujer apasionada por encontrar un propósito en la vida. Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Enamorada de las letras y del sentimiento que provoca el transmitir ideas, expresiones y conocimientos.

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