DEL ARRABAL Y SUS PLACERES (3)

Gracias por su atención al atender estas letras, señor lector. Gracias por su lectura y comentarios. Dos textos aquí editados con sus respectivas sagas (este mismo y Los manjares de la aldea“), han sido bien replicados y atendidos por usted. Nuevamente lo agradezco. Un lector me llamó y me comentó de la novela aquí tratada y abordada en clave gastronómica, Santa“, de Federico Gamboa. En su momento muy leída y vendida. Pero hoy con la maldita pandemia, pues ya no se consigue. El lector me pide la ficha completa y me hace dos comentarios.Va primero la ficha de la novela la cual tengo en la mano. Recuerdo tener otra edición pero no lo ha encontrado en el mar de desorden de mi biblioteca. Es Santa“, editorial Grijalbo, 360 páginas con pie de imprenta del año 2000. Pero insisto, debe de haber más ediciones circulando y la verdad, mi parca memoria no recuerda si dicho texto también esté en Porrúa. El atento lector me dice de haber visto al menos dos películas basadas en la novela. Sin duda. Yo al menos vi una en la Cineteca Nacional en la ciudad de México, en un ciclo de cine nativo. Incluyendo aquella película la cual estuvo enlatada por la censura oficial por lustros: La sombra del caudillo“, película basada en el texto de Martín Luis Guzmán. Puros ases.

Un lector me llamó y me comentó de la novela aquí tratada y abordada en clave gastronómica, Santa“, de Federico Gamboa.

Y tercer punto: el atento lector me pide más letras o fragmentos donde se describen las fondas, cantinas, bares, bebidas y comidas de ese México del arrabal ya ido de las manos (nunca del todo). El México que retrata Federico Gamboa en su texto. Es decir, los últimos años del siglo XIX y principios del XX. Sin más preámbulo, van otros fragmentos de la novela: Al fin dieron con sus cuerpos en un gabinete alto del Café París, donde por tradición de calaveras profesionales mandaron preparar una cena de mariscos, que las mozas, por ser quienes eran, creyéronse obligadas a gustar aunque no fuesen partidarias de cangrejos, camarones y demás bichos tan incómodos para desmenuzarlos y tan ingratos para sus paladares…“

El Jarameño pidió costillas y una ensalada… es que cuando como de eso œy señalaba una hermosísima langosta cuyas antenas se salían de la fuenteœ, me parece que me lo trago vivo y que me aprieta las tripas con sus tenazas…“

Maquinalmente entróse Santa en la confitería de junto al hotel, servida por señoritas muy limpias y guapas, afables, con grandes delantales claros. ¿Qué apetece la señora?… compró caramelos…“ Santa temblaba. Una de sus compañeras mandó traer un ponche de ron, bien cargado y bien caliente. La tercera parte del vals, lenta, desfallecida, melancólica, se esparció por los ámbitos de la sala del prostíbulo.“

(en la plazuela) figuraban, diseminadas, tiendas de campaña con ruletas y otros juegos igualmente recomendables; puestos de frutas y de frutos; pulquerías a la intemperie y fonduchos al abrigo…“ He terminado de nuevo la lectura completa de la novela, una delicia.

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Jesus R. Cedillo

Escritor y periodista saltillense. Ha publicado en los principales diarios y revistas de México. Ganador de siete premios de periodismo cultural de la UAdeC en diversos géneros periodísticos.

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