ANTINATURAL FIDELIDAD

Imagen de google.

Hay un grupo español -sevillano para ser más preciso- llamado Siempre Así que nos canta en una de sus melodías: «hay abuelos que se quieren y su amor es todo lo que tienen». Y me parece que es una gran verdad. Lo único que les queda de aquellos años de juventud se cimienta en ese quererse continuo y correspondido, cargado de ternura. Un poco como el inicio de la película animada Up, en donde los dos abuelos no dicen nada y se dicen todo a la vez. Conozco innumerables testimonios en esta línea.

Por ello, me atribuló mucho leer lo que sin tabucos soltó la presentadora española Nuria Roca, al presentar un libro que escribió sobre sexo, diciendo que «la fidelidad es antinatural». Puestas así las cosas, cuántas “antinaturales” andan rondando en nuestra sociedad.

Porque estoy convencido que la mayoría de las mujeres aman profundamente a sus maridos; que la mayoría de los hombres aman locamente a sus esposas. Como la señora que me comentó un día: «¡Mi marido es un santo varón; le deseo uno igual a todas las mujeres!». Pero ahora resulta ser (¡vaya por Dios con esta Nuria!) que a esa pobre mujer no se la puede bajar de cursi, tonta o simplona.

No sé a ustedes, pero a mí me entra una ligera sospecha. El dicho aquel de que “si no puedes convencerlos, confúndelos” parece ser la estratagema de muchos supuestos modelos de hoy en día. Por desgracia, la tierra de algunos corazones donde caen estas semillas, se encuentran con surcos abiertos y poco llenos de un amor auténtico.

Y no digo que no haya dificultades o hasta infidelidades. La vida no es siempre un camino fácil. Ricardo Arjona lo decía en una de sus canciones: «o aprendes a querer la espina o no aceptes rosas». Y las espinas muchas veces nos la clavan los que más queremos. Pero es parte del paisaje de la vida y debemos buscar todos -hombres y mujeres- construir más que destruir nuestra sociedad. Sin llegar al sometimiento irracional, pero sí al sostén mutuo a través del perdón, de la gratitud por el otro y del amor profundo. Tres palabras: perdón, gracias y te quiero. En las lágrimas y en las alegrías.

Dostoievski mencionó un día que la belleza salvaría al mundo: la belleza de amarse en serio y de verdad, con compromiso y no sólo con sentimentalismos. Un amor que pide entrega incondicional de uno hacia el otro. Y ahí radica y se basa el encanto del matrimonio.

¿Antinaturales? Yo diría más bien locos. Aunque la verdad yo no padezco la locura, sino que disfruto cada minuto de ella. Esa locura de amar a todos los hombres por igual y de saberme correspondido. Y como el Principito de Saint-Exupèry en el pasaje del zorro, cómo quisiera que todos los casados descubran cada día que su flor, su querida y adorada flor, es única en el mundo.

 

 

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