ABRAZAR MI CRUZ A LA CRUZ DE CRISTO

 

“Cristo no responde directamente ni en abstracto a esta pregunta humana sobre el sentido del sufrimiento. El hombre percibe su respuesta salvífica a medida que él mismo se convierte en partícipe de los sufrimientos de Cristo”                                         (San Juan Pablo II, Salvifici Doloris, 26).

  1. X. N.van Thuan, después de ser nombrado obispo de Saigón en 1975 fue arrestado, pasó trece años preso, nueve de esos en aislamiento, por la “causa de Cristo” y de esta causa podemos estar ciertos. Lo que Cristo permite tiene un propósito, un llamado, una vocación.

Imposible que esta Semana Santa y de Pascua, no escriba del misterio de amor más grande que he conocido y que quisiera compartirles. Pues todos estamos llamados a Dios y tenemos esa necesidad espiritual, pues venimos de Él y no descansaremos hasta estar con Él.

¿Cómo vivir estas semanas diferente? ¿Cómo identificar la Cruz de Cristo y separarla de los sufrimientos que nos vienen de nuestra propia culpa y acciones?

Asocia tu vida con la Cruz de Cristo. Jesucristo asocia nuestra aceptación de la cruz a la suya. Su cruz es nuestra cruz, la que él nos envía es la suya y la nuestra.

Resultaría en vano vivir tu pasión, tu cruz, tu sufrimiento, tu enfermedad, tu dolor, tu crisis, tu problema en el trabajo o en tu casa, tu problema con tus hijos, sin  contemplar a Jesús colgado en la cruz y sin asociar todo lo que sufres asociado a el.

El vacío que existe en nuestra vida, es porque nos falta asociarnos, asociar nuestros problemas y nuestros gozos a la Cruz de Cristo. Hemos de vivir asociándonos a Cristo en sus dolores, alegrías, tristezas, para poder vivir su Resurrección con el.

El proceso de adaptación de tomar esta cruz CUESTA. Aceptar su cruz, discernirla, soportarla con perseverancia. De ahí brota la paciencia y la esperanza, la libertad de los hijos de Dios. Jesús nos dice con su Cruz, “Ven, toma parte con tu sufrimiento en mi obra. A medida que tomes tu cruz, que me ofrezcas tu dolor, esa enfermedad, esa pérdida, ese dolor que te arranca el alma, la ausencia de ese ser querido, esto ___________… en esa medida uniéndote a mi cruz, encontrarás la paz interior y me encontrarás a mi…”Y en el conocimiento de la verdad seréis libres “(Juan 8,32)

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Nuestros sufrimientos toman lugar también en la Crucifixión de Cristo, pero hay que poner nuestros sufrimientos en la patena, hay que ofrecérselos a Dios. El sufrimiento debe transformarnos y transformar el dolor. Debe movernos al amor, a actuar, a ayudar al que se nos presenta, a buscar al que nos necesita. Trabajemos dando de comer, de beber, vistiendo al que no tiene, buscando en qué causas servir y amar a otros.

Si mi cruz es acompañar a alguien que sufre una Cruz más grande, debo de ser solidario, compasivo, acompañarlo en ese dolor, pues también la ausencia de amor o de solidaridad duele. Por tanto la Cruz me mueve al prójimo.

“Señor, yo estaba muerto, pero quiero resucitar contigo”

“Señor, quiero acompañarte en esta cruz, con mis sufrimientos, con esta persona que me cuesta, este sufrimiento en mi vida, esta enfermedad________.”

Estas semanas y más aun en este encierro, son una oportunidad para vivir una verdadera reconciliación espiritual. Para darte tiempo de perdonarte a ti mismo y de perdonar a los demás. Suelta ese rencor, ese resentimiento, ese “yo esperaba, me merecía, si hubiera sido” y perdona eso que no te deja sentir la paz. Date tiempo de silenciar tu corazón y dedicar unos minutos al Crucifijo, decídete acompañarlo en este camino de la cruz, de acompañar a su Madre en su sufrimiento con tu sufrimiento y con todo lo que habita en ti.

Date tiempo de meditar en la experiencia de la ausencia del Padre que sufrió el mismo hijo de Dios. Cuantas veces tantos de nosotros y de nuestro prójimo, ¿Experimentamos la ausencia de la presencia de Dios? ¿Cuántas veces me he sentido en soledad? Ofrece tu cruz y abrázala cómo lo hace Jesucristo todos los días.

Hoy, mira a tus seres queridos, platica con ellos, con tu pareja, de corazón a corazón, sin juzgarle ni recriminarle. Destraba eso que en tus relaciones te impide reconciliarte y da ese primer paso. Haz que por tu parte, esta Semana Santa y de Pascua, sea un momento de reflexión, de paz, de reconciliación, de perdón y de misericordia.

 

Marijose César

Mamá, esposa, terapeuta y coach Internacional por la Escuela Internacional de Coaching en España y en New York University, Certificada en Superar pérdidas emocionales por The Grief Recovery Institute. Experta en Comunicación asertiva.

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