Dar el paso

Un paso, solo uno, es el que nos coloca en la dirección correcta

Es un paso el que permite que un actor salga al escenario. Con un paso la gimnasta inicia su rutina en las olimpiadas. Es un paso el que nos acerca a Dios rumbo al altar para bendecir nuestra unión. Nada más hay que dar un paso para arrancar un negocio nuevo. Y es solo un paso el que nos permite liberarnos de lo que ya no queremos en nuestra vida. Un paso, solo uno. Pero darlo, cuesta más que correr un maratón.  Antes de tomar una decisión importante solemos pensarla, repensar, dejarla un rato y luego retomarla. Le damos muchas vueltas y, desde afuera, parece que no estamos haciendo nada o, peor aún, que estamos evitando enfrentar la situación. No es así. Antes de iniciar un nuevo rumbo hay un proceso intenso de reflexión.

Dentro se vive una revolución en la que se vislumbran los escenarios posibles: el triunfo, el fracaso, la alegría, las lágrimas, el amor, la soledad, algo muy bueno e inesperado o algo terrible y también inesperado. Hay pasitos previos que son como ires y venires. Parece que vamos a decidir una cosa y luego metemos la reversa.  Como si estuviéramos bailando. Hasta que el tiempo nos alcanza y nos vemos obligados a decidir, dar el paso.  Es natural sentir miedo al cambio, incluso oponer cierta resistencia; pero también es cierto que una vez que hay aprendizaje el cambio sucede de manera inevitable. Es así que, la vida nos va llevando por un sendero en el que las experiencias nos dotan de aprendizajes y estos nos impelen a cambiar. Por eso, al resistirnos experimentamos tensión. Desearíamos mantener el status quo, la “tranquilidad” aunque esta sea solo aparente. Pero cuando todas las circunstancias, tanto las interiores representadas por los aprendizajes; como las exteriores, representadas por amistades, pareja, trabajo, o hasta el entorno físico, se  conjuntan para que tomemos una decisión es imposible mantenernos estáticos.

Es un paso, solo uno, el que va a permitir que nuestro mundo se alineé, que lleguemos más lejos, que descubramos todo nuestro potencial, que nos quitemos de cargas innecesarias y que nos atrevamos a establecer uniones basadas en el amor y la entrega. Hay que despojarnos de los miedos, duele arrancárselos de la piel. Es una transición crucial, determinante y sobre la cual raras veces hay marcha atrás. Hay que reunir fuerzas interiores e invocar a las fuerzas celestiales. Y entonces sí, no más quedarse quietos, no más status quo.  Es un paso, solo uno, y si aún no estás listo para darlo, pide que te empujen y verás que avanzas un pasito.

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