No te compares

La única vida que merece la pena vivir es la propia

En Facebook todos tienen muchos amigos, Instagram es el reflejo de una vida perfecta y Twitter permite presumir la lucidez y el sentido del humor. En redes sociales, todos tienen una vida feliz, luminosa y emocionante. Al menos, eso es lo que aparentan. En el fondo, quizá no tanto. Uno de los problemas que ocasionan las redes sociales es que desatan los incontrolables deseos de comparar. Comparamos nuestra vida con la de los demás. Quién ya se casó, cuántos hijos tuvo, qué tan bonitos le salieron. Quién se cambio de trabajo, cómo se ve la casa en la que vive, a dónde viajó en sus últimas vacaciones. Qué tan bien se ha conservado con el paso de los años, cuánto ha subido de peso, cuántas cirugías plásticas lleva. Casi siempre, el “otro” tiene una mejor vida, mejores vacaciones, mejores fiestas, mejores éxitos.

Entonces, es cuando nos cuestionamos, ¿pude haber tomado decisiones más acertadas para estar en otra posición social, con otro cónyuge, más delgada, o con un trabajo más glamoroso? La voz interna es muy crítica y las más de las veces en lugar de ayudarnos es despiadada. Nos cuestiona, nos confunde y nos arrastra hacia el suelo, desde donde observamos a los demás muy por encima de nosotros. Pero esto no es cierto. Vamos bien, todos vamos bien; avanzando a nuestro ritmo, con nuestros logros y nuestros problemas. Porque todos, hasta los que parece que no tienen carencias, llevan en sus adentros algún sufrimiento. Es imposible avanzar sin haber llorado un poco en el camino y también hay quienes que aunque tienen muy poco son inmensamente felices.

No es posible hacer comparaciones entre la vida que vivimos y la que viven nuestros amigos, los compañeros de prepa, los de la carrera o el trabajo. Cada quien tiene sus propios fantasmas, sus propias peleas. Y cuando nos preguntamos, “¿pude haber tomado una mejor decisión?” La respuesta es no. Las decisiones tomadas hasta ahora han sido las que han tenido que ser. Son las que nos han permitido llegar hasta donde estamos, con aciertos y errores, pero llenos de las posibilidades que nos abre vivir nuestra vida. Lejos de cualquier comparación, la única vida que merece la pena vivir es la propia y aunque haya días en que nos pese la tristeza o los fracasos, también hay otros en los que, si somos completamente sinceros, nos sentimos llenos de felicidad.

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